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Ago
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Workshop Grafiscopio en C3 Concepción
Académica, evento, Publicidad
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El próximo martes 22/ agosto Marcelo Pérez, director de Grafiscopio, visitará la sede Concepción de la Escuela de Diseño UDD. Paralelamente realizará un workshop independiente en  C3 Centro de Creación de Concepción orientado a estudiantes y profesionales freelance del área gráfica (diseño, ilustración, fotografía, etc) de esa región.

La jornada tendrá una duración de 3 hrs, y su objetivo es aportar consejos y herramientas para enfrentar una negociación por obra gráfica, con base en casos reales e incluirá análisis de encargo, manejo de clientes (locales y extranjeros), cotización y análisis de contratos con miras a diseñar un documento apropiado para el tipo de encargo. En suma se trata de un kit de conocimientos prácticos para suplir una de las principales debilidades en el desempeño profesional de artistas gráficos, sobre todo quienes tienen poca experiencia en el mercado.

Por el tiempo disponible no existe evaluación (prueba o examen), sino cátedra sumada a ejercicios prácticos donde el alumno también puede participar su experiencia o dudas y recibir asesoría directa del docente, además de cotejarla con la opinión de sus compañeros.

FECHA: martes 22 de agosto
HORA: 16 a 19 hrs. (2 módulos divididos por coffee break de 15 minutos)
LUGAR: C3 Centro de Creación de Concepción (Rozas #520, Concepción, VIII Región del Biobío)
VALOR: $ 25.000
MATERIAL REQUERIDO: Bloc de notas, manual o electrónico.

Consultas e inscripción:
marcelo@grafiscopio.com

FORMA DE PAGO
Se realiza mediante transferencia electrónica[*]. El alumno decidido a tomar el curso debe enviar e-mail que indique: RUT, nombre, domicilio, región y comuna. A cambio recibirá datos bancarios para depósito. Emitido el respectivo comprobante de transferencia exitosa, este servirá para acreditar su matrícula en el workshop. Para efectos tributarios, el organizador del taller emitirá una boleta de honorarios a nombre del alumno. Esta boleta no implica ninguna gestión para el alumno ante el SII. Sólo da cuenta de que el organizador del curso prestará un servicio profesional y declarará el impuesto correspondiente.

[*] También puede ser depósito en caja de Banco. Para esto el alumno debe enviar copia escaneada del comprobante emitido por la entidad bancaria.

 

IMPORTANTE!

– Es requisito haber cancelado el valor de inscripción ANTES de asistir al workshop. No se aceptarán pagos posteriores.
– No habrá posibilidad de reembolso total o parcial de matrícula después que alumno haya asistido al primer módulo.
– En caso de que la convocatoria no reúna el mínimo de alumnos necesario para dictar el curso (10), o se presente cualquier imprevisto de fuerza mayor, se evaluará posibilidad de efectuarlo con los alumnos hasta entonces inscritos, o bien se les reembolsará íntegramente el valor de inscripción.

PERFIL PROFESIONAL DEL DOCENTE
Marcelo Pérez Dalannays (Chile, 1976). Diseñador gráfico, Pontificia Universidad Católica de Chile. Director de grafiscopio.com. Ilustrador independiente con 20 años de experiencia freelance para clientes de América Latina, USA y UE; su obra ha llegado a 5 continentes. Colaborador en Política Nacional de Diseño e Ilustración y en la Guía para Exportación de Servicios Creativos (CNCA, Gobierno de Chile / Cámara de Comercio de Santiago). Asesor, conferencista y docente en instituciones de educación superior, talleres y eventos de capacitación profesional. Actualmente prepara su primer libro ilustrado en calidad de autor, para Editorial Planeta.

Jun
14
Grafiscopio
Reutilización de obra: ¿basta agregar créditos?
Derecho autor, Legal, Negociación
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Una situación común en revistas, diarios, web, tv, o incluso entre clientes, es que una imagen adquirida por alguno de ellos sea reutilizada posteriormente y acompañada del crédito «archivo (+ nombre del medio)», como si la imagen perteneciera al repositorio de dicho medio o cliente.

Sobre este tema conviene advertir que salvo existencia de contratos donde el autor de la imagen haya cedido derechos, la revista, periódico o quien sea NO puede atribuirse propiedad de dicha obra ni reutilizarla (ver imagen más abajo). Según el Art. 18 de la Ley 17.336 de Propiedad Intelectual chilena:

«la PRIMERA VENTA u otra transferencia de propiedad en Chile o el extranjero, agota el derecho de distribución nacional e internacionalmente con respecto del original o ejemplar transferido.»

Por tanto los derechos de la imagen siguen siendo propiedad de su autor, y para reutilizarla debe contarse con su permiso, sea o no remunerado. Además, el crédito debe mencionar su nombre.

La única excepción a esta norma se da en la fotografía por encargo o en cualquier obra creada por funcionarios públicos (para su institución). En ambos casos la titularidad de derechos pertenece a quien encomienda la fotografía, y a la institución pública. En el caso de empleados de empresas privadas, habitualmente los derechos de toda obra creada para la empresa se mencionan en el contrato de trabajo, pero esto no puede darse por supuesto: debe ser claramente estipulado en alguna cláusula. En el caso de freelancers o proveedores externos de cualquier medio (revista, diario, tv, web, etc) NO son empleados ni están sujetos a la normativa de la empresa, por ende sus derechos y el uso que se quiera dar a su obra debe pactarse en alguna forma contractual.

Téngase en cuenta todo lo anterior, para evitar infracciones o reclamos fuera de lugar. Para información respecto a cobro por reutilización de obra, revisa nuestro artículo:

Lectora pregunta: cobro por reutilización de obra

Jun
1
Grafiscopio
Señales positivas desde las industrias creativas chilenas
Cultura, evento, Propiedad Intelectual
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El siguiente artículo es una colaboración de Pedro Pablo Leiva, abogado chileno, para Grafiscopio.

El pasado 11 de mayo asistí como espectador lego a la charla de Behance Reviews[*] (BE) que se desarrolló en la Fábrica de Medios, y fue probablemente una de las experiencias más reveladoras que he tenido en lo que va del año.

Lo primero que sorprende es el alto grado de tecnificación y calidad del trabajo presentado por los expositores, que derriba el mito y prejuicio en torno a las industrias creativas: supuestamente unos «hippies que graban videítos» o «niñitos que hacen esas tonteras de los jueguitos de video». También llama la atención el masivo interés que despiertan las industrias creativas. Tratándose de un día lluvioso y en hora punta —perfectos disuasivos para asistir a cualquier evento— había un lleno total, lográndose un peak de visualizaciones de alrededor de 350.000 personas vía live streaming en un periodo cercano a 3 horas de presentaciones.

Tras la jornada, sumada al lanzamiento del Plan Nacional de Economía Creativa y el programa de CORFO —atracción producciones audiovisuales— hace un par de semanas, queda una agradable sensación de que está despertando el movimiento necesario que nos permita diversificar la oferta exportable de Chile al ser capaz de transformar la dependencia de commodities, a una mentalidad económica enfocada en la explotación del conocimiento y talento, sus obras culturales y los parajes únicos de Chile como activos monetizables, dignos de protección.

Sin embargo, estos últimos movimientos nos plantean desafíos muy importantes como operadores de las industrias creativas, que no se limitan solamente al eterno drama de la obtención de financiamiento, sino que junto a ello debemos comprender el proceso de cómo hacer empresa.
Las lecciones aprendidas durante el BE, en primer lugar, se relacionan con que las empresas exitosas no responden al factor “suerte y puro talento” o “genialidad y pasión desenfrenada” sino que, por el contrario, son exitosas porque existe planificación y estrategia sobre cómo cumplir los objetivos fijados, sea generar un corto donde se destruye hipotéticamente el Costanera Center o el desarrollo y lanzamiento de un videojuego. Esto se relaciona esencialmente con la capacidad de comprender y manejar herramientas de planificación, definir campañas de marketing y planificar el financiamiento y presupuesto de la operación de la empresa, alejándose completamente del móvil del artista amateur, que confía únicamente en el talento como gancho comercial.

Otra lección aprendida tiene que ver con romper el comportamiento estanco de los diferentes subsectores de las industrias creativas. Esto se vincula en parte con la generación de un mercado interno para productos de los distintos subsectores de las industrias creativas, que favorezca el intercambio de “insumos” de propiedad intelectual de un área a otra, permitiendo que un diseño, ilustración, entre otros, estén disponibles para ser transformados en una obra distinta.

La finalidad de este mercado interno dice relación con la posibilidad de integrar diversos proveedores de insumos, que al final del día son obras de propiedad intelectual y que permiten abordar proyectos más complejos, generando obras nuevas más refinadas y de alta calidad, a una mayor velocidad, siendo por ende más eficientes en la producción. Por ejemplo, sin que un ilustrador gaste tiempo en aprender a programar desde cero, si aspira a crear videojuegos.

Finalmente, es muy necesario romper el comportamiento individualista de los diferentes subsectores de las industrias creativas para fomentar la asociatividad con industrias estratégicas como la del turismo, que actúa como embajadora de los servicios de las industrias creativas cuando posiciona al país como un destino proveedor de diseño, animación o películas. Además, es un aliado natural pues promueve y propende al mantenimiento y cuidado de la identidad de los lugares que sirven tanto como destino imperdible para un viaje, o como escenario ideal para la filmación de una obra audiovisual.

[*] Evento dedicado a potenciar el crecimiento creativo por medio de feedbacks y networking; donde los creativos pueden interactuar entre sí, compartiendo su trabajo y el desarrollo de su oficio. Esta edición estuvo enfocada en temas de Animación 3D, Ilustración, Motion Graphics, Game Design y 3D aplicado a la industria del VFX.

Pedro Pablo Leiva Olivares es abogado —Master of Laws (LL.M), UC Davis— y Gerente Legal de Etapa Zero.
May
25
Grafiscopio
Cómo evitar el «robo de ideas»
Legal, Negociación, Propiedad Intelectual
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Últimamente varios colegas denuncian haber sido víctimas de robo de ideas. Cada caso es distinto, pero el modus operandi es bastante parecido: un cliente (u organizador) les solicitó una propuesta gráfica como requisito para adjudicarse cierto proyecto. Una vez que entregaron el diseño (o ilustración, fotografía, obra, etc) no tuvieron más noticia o se les comunicó que la propuesta fue rechazada. Para su sorpresa, transcurrido cierto tiempo se enteraron de que el cliente publicó una creación sustancialmente parecida, sin reconocer la obra original ni pedirles autorización para explotar comercialmente la obra derivada. ¿Por qué ocurre esto? Y más importante: ¿Cómo prevenirlo?

¡LA IDEA FUE MÍA!

Una aclaración importante antes de desarrollar el tema: las ideas no tienen dueño, por tanto nadie puede reclamar propiedad sobre ellas. Lo que sí tiene dueño son las obras, o sea la materialización específica de una idea en alguna forma o sobre algún soporte:

LA RAÍZ DEL PROBLEMA

Como quiera que se produzca este «robo de ideas» (en rigor, de obra), la clave del problema es que los artistas gráficos suelen presentarse a licitaciones o convocatorias sin tomar precauciones, concretamente sin inscribir su obra hasta entonces inédita. El robo en estas circunstancias es bastante común y adquiere diversos mecanismos:

1) Test de admisión: suele darse en agencias, donde el postulante a un cargo debe ejecutar y entregar tareas o ejercicios para evaluar su capacidad de respuesta. P. ej.: cómo resolvería una campaña publicitaria ficticia.

2) Muestra: es común en editoriales, donde el dibujante o ilustrador debe presentar una propuesta bastante más acabada que un simple boceto lineal (más bien una obra completada, a todo color), supuestamente con objeto de evaluar cómo funciona su mano y de qué manera interpreta un texto. En ocasiones esta muestra se usa como modelo, para asignar la tarea a otro artista por menos precio.

3) Licitaciones / concursos gráficos: por medio de las bases (muchas veces leoninas) el organizador recopila un buen número de ideas gratis, de las que se apodera premiando solo a una de ellas o bien declarando desierto el concurso.

NO BASTA CON CREAR. HAY QUE INSCRIBIR

Según la OMPI o el Convenio Internacional de Berna, el derecho de autor surge por la mera creación de una obra y no requiere ninguna otra formalidad para tal protección. No obstante, en la práctica dicho amparo es insuficiente.

En un artículo titulado “no basta con crear… hay que inscribir” , la Dibam (que administra al Dpto. de Derechos Intelectuales de Chile, o DDI) explica que:

Inscribir una obra es el medio más rápido de prueba ante la ley. Frente a un juicio por derechos de autor, la prueba palpable de la obra inscrita es irrefutable. El número de inscripción ‘es como un espanta-cucos’, dice una funcionaria de esta unidad, refiriéndose a quienes se dedican al poco honroso oficio del plagio.

En simple: al presentarnos a concursos o cualquier otra convocatoria con este dato acompañando nuestra propuesta gráfica estaremos evitando cualquier robo de ideas, por el carácter disuasivo del Nº de inscripción.

Importante: el trámite de inscripción no es inmediato (obtener el certificado tarda apróx. 1 mes), pues la propuesta debe cotejarse con la base de datos del DDI. Mientras tanto podemos agregar a nuestra obra una glosa que demuestre que la inscripción se encuentra en trámite y/o pedir alguna certificación provisoria al DDI.

«NO ES PLAGIO SI LA COPIA NO ES IDÉNTICA»: ¿SEGURO?

Un «ladrón de ideas» argumentará que no hubo calco, sino que tomó prestados ciertos elementos de una obra ajena, pero que en último término dieron origen a obra distinta; en otras palabras que puede haber semejanza, pero no identidad. ¿Cierto o falso?

Según la Guía “Creaciones artísticas y el derecho de autor” (OMPI, 2007) una obra no tiene que ser idéntica a otra para hablar de copia. Basta que sea sustancialmente parecida y/o que se demuestre que el autor de la copia tuvo acceso a la obra original. Por demás, ya hemos hablado de las obras derivadas, y para que estas puedan ser publicadas, reproducidas, distribuidas o explotadas comercialmente requieren autorización expresa del titular de derechos de la obra original (en Chile, según prescribe el art. 20 de la Ley 17.336 de Propiedad intelectual).

El punto, sin embargo, es probar quién tuvo la idea primero, y ahí cuentan las fechas de creación de obra (archivos originales) y nuevamente, el Nº de inscripción en el DDI, pues deja constancia sobre fecha y hora de creación. Esto es determinante en litigios, como demostró el caso del actor y guionista Álex Rivera, quien emprendió acciones legales contra la estación televisiva chilena Canal 13, por supuesto plagio.

ACCIONES LEGALES: ¿VALEN LA PENA?

Una demanda es trámite lento, caro y engorroso. Tiene sentido sólo en casos relevantes, donde haya mucho dinero en juego (hablemos de millones) y las pruebas sean muy favorables al artista. Esto lo saben algunos inescrupulosos y por ello la recomendación es no actuar sobre hechos consumados, sino tomar medidas preventivas o disuasivas como las expuestas en este artículo.

De todas formas la consulta a un abogado especialista en Propiedad Intelectual siempre será una buena inversión. Aparte de ser el único profesional facultado para interpretar la Ley, es quien mejor puede ayudarnos a determinar un plan de acción (incluyendo la vía de un acuerdo extrajudicial) o armar un caso para obtener compensación por daño emergente. Para contactar a alguno, revisa nuestro directorio de abogados.

May
17
Grafiscopio
Charla Grafiscopio en Behance Reviews Santiago 2017
Académica, evento, Publicidad
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El pasado viernes 12/ mayo, Grafiscopio fue invitado por segundo año consecutivo a dictar charla en la versión chilena del evento internacional Behance Portfolio Reviews Santiago, organizado por Antalis LAB / Antalis Chile.

Ante numerosa asistencia y bajo el título “Freelánzate”, esta conferencia entregó claves para el ejercicio profesional de disciplinas creativas, con objeto de convertir la actividad artística en negocio rentable, desde la perspectiva del trabajador independiente.

Agradecemos a organizadores (especialmente a Marcela Martínez y Karoll Martínez) por su invitación, así como al público presente, cuyas expresiones de apoyo y satisfacción confirman la utilidad de nuestra presencia.

Marcelo A. Pérez Dalannays
Director Grafiscopio

Fotografías por: Antalis Chile

¿Quieres una charla de Grafiscopio en tu escuela, evento o taller? Escríbenos a:
marcelo@grafiscopio.com

May
16
Grafiscopio
¿Quién es responsable por errores ortográficos en un diseño?
Cliente, Metodológico, Negociación
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Al hablar de diseño gráfico pensamos en imágenes, sin embargo el diseñador trabaja con dos tipos de información: visual y textual. Afiches, tarjetas de negocios, folletos, memorias corporativas e incluso logotipos incluyen texto organizado (diagramación) o diseñado. Ahora bien, una cosa es utilizar contenido en forma de texto y otra, generarlo, tema importante por sus implicancias en el trabajo gráfico.

Ya sea por razones económicas o simple desconocimiento, algunos clientes suponen que el material gráfico —imágenes y textos— es asunto exclusivo del diseñador. Lo cierto es que algunas responsabilidades pueden ser excesivas, sobre todo si no fueron remuneradas de manera acorde. Lamentablemente esta arista de cualquier proyecto no se toma en cuenta sino hasta que surgen problemas, es decir, cuando el diseño sale de imprenta mostrando errores ortográficos que ya es muy costoso o tarde para corregir.

¿DE QUIÉN ES LA CULPA?

En primer lugar habría que remitirse a lo pactado en alguna forma contractual (si la hubo), concretamente las tareas asignadas al diseñador y tarifas asociadas. Si no se abordó esta eventualidad o quedó de manera discrecional, la responsabilidad se reparte o se diluye.

Corregir textos no es tarea del diseñador. Habitualmente corresponde a un periodista, redactor, editor u otro especialista, quien por cierto percibe un honorario a cambio. De hecho una de las competencias de revisores (o proofreaders) es justamente la revisión ortográfica (spell-check); incluso hay aplicaciones en línea que revisan textos de forma automática, como Grammarly, PaperRater o SlickWrite. En editoriales la corrección de texto es competencia del editor y la ejecuta con gran rigor.

LOS DISEÑADORES NO SABEN ESCRIBIR

Un artículo de la agencia sudafricana Octarine (especializada en publicidad y comunicaciones) aborda el tema desde un enfoque amistoso y sutilmente sarcástico: «los diseñadores no saben escribir». En otras palabras, su labor y especialidad no es corregir textos (acostumbrados a trabajar con imágenes, los artistas gráficos tienen mala fama en cuanto a ortografía y redacción). Además profundiza en el tema de la responsabilidad por contenidos y qué medidas debe tomar el cliente antes de ingresar a imprenta.

PASTELERO, A TUS PASTELES

En su charla en U. Finis Terrae, Mariana Santos —diseñadora de The Guardian, UK— explicó que el diseñador no pretende ni puede reemplazar la labor del periodista, quien recopila, ordena y edita la información que el diseñador simplemente organiza (diagramación); De lo anterior podemos deducir que nuestra responsabilidad como especialistas en comunicación visual se limita a facilitar la legibilidad del contenido aportado por el autor del texto, a menos claro, que se nos asigne una responsabilidad mayor, honorario extra mediante y asumiendo que entramos a un terreno en el que no somos especialistas (y todos sabemos qué esperar cuando pedimos que un arsenalero reemplace al cirujano).

CONTRATOS Y DESCARGOS DE RESPONSABILIDAD

Una precaución clave para diseñadores es agregar a contratos una cláusula sobre responsabilidad (liability), que los libere ante este tipo de situaciones, enfatizando la importancia de que el cliente cumpla su parte del acuerdo en materia de contenidos.

En internet es posible hallar diversos contratos tipo o apartados sobre términos y condiciones (la mayoría en inglés) que incluyen glosas de esta índole. En la imagen arriba vemos un extracto del documento utilizado por Agencia Blue Melon (Australia), donde se lee:

«APROBACIÓN DEL DISEÑO FINAL: Aunque tomamos medidas para evitar al máximo errores, no nos responsabilizamos por fallas de escritura, de redacción o información incorrecta en cualquier proyecto confirmado para imprenta o producción. Es responsabilidad del cliente revisar y aprobar todo manuscrito final previo a la producción del diseño. La verificación vía email por parte del representante del cliente ha de ser definitiva en cuanto a aprobación del diseño antes de su salida a imprenta, implementación o instalación. No habrá posibilidad de reembolso ni reimpresión una vez que el diseño finalmente aprobado ha ingresado a imprenta si el cliente falló en revisarlo.»

Como en cualquier ámbito, existe siempre un margen de flexibilidad que permite al diseñador corregir errores en textos breves (p.ej. afiche, folleto) aunque un contrato no señale expresamente dicha tarea, pero tratándose de párrafos extensos (diagramación de revistas o memorias corporativas) es imposible o improcedente.

CONCLUSIONES

El objeto de este artículo no es predisponer a diseñadores contra clientes ni atribuir culpas a priori, sino prevenir, evitando inconvenientes de operar ante hechos consumados, lo que se logra cuando cada uno se dedica a su especialidad, a lo que mejor sabe hacer y cuando el cliente (o algún asesor) aplica una rigurosa revisión del material diseñado antes de ingresar a imprenta.

En muchas situaciones es habitual endosar la responsabilidad por errores al último eslabón de la cadena (a veces, por sesgo de autoservicio): es fácil culpar al diseñador ejecutante, aunque el error original sea de quien le asignó una tarea para la cual no está capacitado, o mejor dicho especializado. Se puede terminar pagando un precio caro por ahorrarse el trabajo de un revisor.

May
8
Grafiscopio
Cómo negociar un workshop para empresa
Académica, Negociación, Tarifas
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De vez en cuando ilustradores, diseñadores o fotógrafos son contactados por agencias de publicidad o por el área de diseño de alguna empresa, para dictar un taller privado, exclusivo para empleados. ¿Cómo negociar este servicio profesional?

A modo de referencia: según artículo publicado en diario El Mercurio (10 mayo, 2015) en Chile el valor promedio por clases particulares universitarias(*) varía entre $15.000 y $25.000 (22 a 37 dólares), sin embargo un workshop (o taller) tiene carácter colectivo, y resulta más apropiado cobrarlo como tal: con tarifas por alumno que actualmente varían en promedio entre $45.000 y $100.000 (66 a 48 dólares) por cursos de 2 a 5 sesiones. En otras palabras si el grupo es de 10 alumnos, la tarifa total rondaría entre $450.000 y $1 millón en total (660 a 1.470 dólares).

Tus honorarios deberían ser más cercanos a esta última cifra, sobre todo porque en la práctica estás “formando a tu competencia”: o sea que tal vez no vuelvas a ser convocado por la empresa para futuros proyectos, pues los asignarán (por menos precio) a los empleados que tú mismo capacitaste. En consecuencia, tu tarifa debería compensar este costo de oportunidad.

Finalmente, procura que todas las condiciones de la actividad profesional queden estipuladas en alguna forma contractual, especialmente medio y fecha de pago. No está de más negociar un anticipo (de al menos 30% del total) para cubrir gastos de preparar el curso (investigación, selección de material gráfico para generar presentación y/o ejercicios durante la clase, etc). Por cierto, averigua si el organizador pretende dejar registro audiovisual del curso, pues esto eleva la tarifa, dado que involucra tus derechos de autor.

Abr
12
Grafiscopio
Claudio Castañeda, abogado: El futuro del Derecho está en el Diseño
Diseño, Editorial, Propiedad Intelectual
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El siguiente es el primer artículo de Claudio Castañeda P., abogado chileno, para Grafiscopio.

La imbricación entre Derecho y Diseño no se agota en que el primero proteja las creaciones del segundo. La revolución tecnológica va a cambiar radicalmente el paisaje de relaciones entre personas e instituciones a través del maridaje entre diseño, programación y derecho; y creo necesario que seamos conscientes de ello.

Para que esto no suene a mesianismo hueco vale recordar el reciente caso de Joshua Browder, un programador londinense quien el 2015 (a sus 19 años) diseñó el sitio DoNotPay.co.uk, para apelar infracciones de tránsito. El procedimiento era bastante sencillo: el usuario contestaba unas cuantas preguntas a través de un chatbot y el sistema generaba un formulario automático para ser presentado al tribunal, quién terminaba rebajando o condonando completamente la multa. Se calcula que gracias a su bot se rebajaron el equivalente a 3 millones de libras en el primer año.

Esto, por supuesto, solo supone el comienzo de una evolución que tenderá a profundizarse en los próximos años y que nos afectará a todos. El Derecho está involucrado en todas las actividades humanas; todo está regulado desde que nacemos hasta que damos nuestro último respiro, tal como elocuentemente dice el iuspoeta: «No hay muerte, sino más Derecho». Y no solo eso, la omnipotencia de la ley es tal que una vez promulgada es obligatoria y se entiende conocida por todos, ficción que escapa a todo principio de realidad y que, sin embargo, nos define en nuestras relaciones sociales diariamente.

El uso de AIs para automatizar procesos y manejar grandes masas de información no es algo lejano, parte de un futuro de ciencia ficción, es algo que está pasando: los robots están aquí junto a nosotros, ayudándonos con tareas que antes parecían muy difíciles de lograr. En mi experiencia profesional, por ejemplo, encontrar determinada pieza de información era como encontrar una aguja en un pajar, dependía de la suerte. Ahora soy testigo privilegiado de la facilidad con que actualmente se puede encontrar información valiosa en solo unos cuantos clicks si se utiliza la plataforma correcta: en mi caso, Darts-Ip para encontrar información sobre Propiedad Intelectual, pero evidentemente este es solo un ejemplo. Las consecuencias saltan a la vista: el actual desarrollo de la tecnología ha de tener necesariamente correlatos en la cultura de la cual estamos siendo partes, incluido el Derecho. Así las cosas, tal como la creación de la imprenta influyó en el proceso de codificación del Derecho (recopilación y sistematización de textos jurídicos en Códigos), la tecnología actual habrá de hacer lo propio en estos tiempos, acortando la brecha entre ciudadano y ley a través de medios digitales.

Pero para ello necesitaremos diseñadores y programadores locales que como Browder comprendan el potencial de esta evolución y sean capaces de diseñar plataformas simples y atractivas para facilitar acceso al conocimiento legal, explicar trámites complejos y permitir a las personas realizar gestiones a través de abogados-robots siempre disponibles en nuestras pantallas. La ley no ya dispuesta en grandes masas de textos numerados en artículos e incisos, sino recopilada y sistematizada en aplicaciones ingeniosamente ilustradas para facilitar la experiencia del usuario. El futuro del Derecho, y de gran parte de toda la cultura por venir, dependerá del Diseño.

La ley al alcance de todos, una utopía razonable, tal como lo cree el mismo Browder, quien ahora trabaja en chatbots que permitan dar asistencia legal a refugiados. Lamento comunicarles, eso sí, que esto no significará la desaparición de los abogados: la tecnología puede hacer maravillas, pero claro, no milagros.

Claudio Castañeda Peñaloza es abogado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, escritor, guionista y editor, desarrolla su labor jurídica como especialista en Propiedad Intelectual para Darts-Ip.
Abr
6
Grafiscopio
Grafiscopio colabora en Guía para Exportación de Servicios Creativos CNCA / CCS
Editorial, evento, Publicidad
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El pasado martes 4/ abril, Grafiscopio fue invitado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA, Gob. de Chile) y la Cámara de Comercio de Santiago, a una reunión para potenciar la exportación de bienes y servicios de las economías creativas chilenas en subsectores considerados prioritarios: audiovisual, música, editorial, diseño y artes escénicas.

La instancia convocó a agentes de cada uno de los sectores que están exportando servicios, con objeto de contrastar los procedimientos de transacción realizados hoy en día por cada tipo de servicio, con los mecanismos e instrumentos actualmente disponibles. El resultado de esta investigación dará lugar a una guía de exportación de servicios (julio 2017).

El sector Diseño estuvo representado por Werner Fett (ausente en la fotografía), Alexander Medel, Camilo Huinca y Marcelo Pérez (director de Grafiscopio), quienes tienen en común la venta de bienes y servicios profesionales creativos a clientes en el extranjero (LatAm, USA, UE, Asia).

Grafiscopio agradece a organizadores —especialmente a Elvira Correa y Sofía Lobos— por invitarnos a gestar una importante herramienta que ayudará a posicionar los servicios creativos chilenos en el mercado internacional, constituyendo un aporte a la economía individual de los agentes y global del país.

Marcelo Pérez Dalannays
Director Grafiscopio.com

Mar
10
Grafiscopio
Cuando el cliente no está satisfecho con el diseñador
Cliente, Metodológico, Negociación
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¿Qué hacer cuando nuestro trabajo no satisface al cliente o cuando ya no desea continuar trabajando con nosotros? Este escenario es más común de lo que parece, y puede deberse a varios motivos. Veamos cuáles y cómo manejarlos.

CASO 1: AL CLIENTE NO LE GUSTA TU PROPUESTA

A nivel humano no hay problema, pero tu trabajo no convence. La opinión de tu contraparte puede ir desde no estar convencido hasta un completo rechazo. En este escenario puede que te pidan una nueva propuesta en base a correcciones, o bien una reformulación total.

CASO 2: AL CLIENTE NO LE GUSTA TU TRABAJO

El cliente prefiere cambiar de diseñador, sobre todo si no hay progreso tras varias entregas o ajustes. Puede que tu diseño sea bueno —sobresaliente incluso— pero el problema es de gustos o bien metodológico: eres lento, conflictivo, no cumples plazos o es difícil contactarte.

Expuestas las dos principales situaciones veamos el protocolo de acción, para ayudar tanto a diseñadores como a clientes que no sepan bien cómo proceder:

1) CONTRATO

Sin insistir en los beneficios de este documento, sólo diremos que entre otros permite anticipar un escenario de desistimiento.

En contratos se usa una cláusula sobre Kill Fee (anglicismo que se refiere a pago compensatorio en caso de interrupción abrupta del proyecto o desistimiento). Generalmente equivale al monto en anticipo (p. ej., 50% del monto total) pactado entre diseñador y cliente. O sea que si el cliente decide que ya no quiere contar con los servicios del diseñador, este último retiene el anticipo, por concepto de Kill Fee.

Además, un contrato debería estipular el número de propuestas incluidas en la tarifa original, más el precio (y número máximo) de correcciones o ajustes adicionales.

SI NO HUBO CONTRATO
En acuerdos civiles (es decir trabajo freelance, a honorarios, donde no haya régimen de subordinación y dependencia) opera el principio legal de autonomía de la voluntad, o sea que las partes definen las reglas del juego. En este caso cliente y diseñador deberán convenir lo mejor que puedan alguna forma de acuerdo y/o compensación.

2) DEFINIR LO MALO

Que un diseño (o estilo) no sea del gusto del cliente no implica que esté mal hecho o no sirva. En el área creativa (mal llamada “artística”) suele confundirse lo subjetivo y lo objetivo. Esto origina conflictos entre cliente y diseñador, pues el primero da demasiado crédito a su intuición y el segundo a su emoción.

Para sortear lo anterior, el diálogo, el proceso y la propuesta deben respaldarse con datos concretos, objetivos, orientados a la audiencia, consumidor o usuario más que a las preferencias personales. No obstante, es válido que un cliente pague por lo que desea, y ante eso el diseñador debe estar dispuesto a transar o plegarse. Es difícil e injusto obligar a alguien a pagar por una pizza cuando lo que ha pedido es sushi.

3) FEEDBACK

Muchos malos entendidos en una relación profesional se pueden prevenir fomentando el diálogo continuo, franco y detallado. “A instrucciones vagas, resultados pobres”. Como cliente no se trata de caer en micromanagement, sino de ser claro y honesto con el diseñador durante el proceso, aportando información, instrucciones o material que ayude a concretar la propuesta. Por su parte, el diseñador debe ser accesible para el cliente. No en régimen 24/7, pero sí estar dispuesto a recibir consultas y entregar avances. “Desaparecer” es un argumento de peso para que un cliente prefiera cambiar de diseñador.

4) DEFINIR LO QUE SE ESTÁ NEGOCIANDO

Como expone este artículo de DesignShack, las personas suelen negociar de manera informal o nebulosa: se acuerda una tarea y el monto, pero no definen exactamente qué están transando. En el caso de servicios profesionales (donde predomina la inteligencia sobre la mano de obra) lo que está en juego no es sólo el producto final, sino en primer lugar el tiempo, las horas dedicadas a investigación y creatividad (bocetos, etc) previas a la entrega final. Es como visitar al doctor: puedes seguir o no el tratamiento que te prescriba, pero en cualquier caso debes pagar la hora de consulta, lo que nos lleva al siguiente punto:

5) TRABAJO HECHO, TRABAJO PAGADO

La ética profesional dicta que una tarea ejecutada debe ser compensada aun cuando no haya llegado a término, pues un edificio de 30 pisos proyectados tomó igualmente trabajo y recursos aunque la construcción haya sido cancelada en el piso 15, o el 8, o el 2. En servicios profesionales esos recursos invertidos son a la vez materiales (insumos) e inmateriales (investigación, selección e interpretación de información, conocimiento), por lo que la ausencia de obra visible no quiere decir que no haya existido trabajo intelectual.

El único argumento que exime al cliente de pagar un trabajo realizado es que el diseñador haya ignorado o desobedecido las instrucciones, dando como resultado una obra ajena al encargo; o bien cuando la calidad del producto es tan deficiente que pone en duda la inversión de recursos (tiempo, esfuerzo) o constituye plagio (tomar obra ajena, p. ej. de internet, presentándola como propia), pero estas situaciones son excepcionales, y en todo caso el tema de fondo de este apartado debería remitirse a lo expuesto en el punto #1.

6) CONCLUSIONES

COMO CLIENTE, lo mejor es que expongas la situación con franqueza y voluntad de llegar a acuerdos, ya que ambas partes tienen un punto: tú no estás satisfecho con el resultado (por ende no deberías pagarlo en su totalidad), pero el diseñador también destinó trabajo y tiempo a la tarea (por ende no debería irse con las manos vacías). En adelante mi recomendación es negociar SIEMPRE con contrato, que sirve justamente para tomar resguardos ante este tipo de situaciones. Por cierto, no busques siempre precio módico: lo barato cuesta caro, y esto es especialmente cierto en materia de servicios profesionales.

COMO DISEÑADOR debes estar dispuesto a aceptar que tal vez tu trabajo no guste. Aun existiendo contratos, procura siempre negociar de modo profesional, buscando acuerdos y evitando enfrentamiento. El “boca a boca“ es determinante en nuestra profesión, y un cliente agraviado podría alejarte de otros cinco. No se trata de claudicar o renunciar a tus derechos, sino exigirlos con astucia y diplomacia. Huelga decir que procures ofrecer siempre calidad, no solo en el producto, sino también en el servicio: entregar a tiempo, estar disponible para consultas o reuniones y mantener un trato cordial.