Cómo evitar el «robo de ideas»
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May
25
Grafiscopio
Cómo evitar el «robo de ideas»
Legal, Negociación, Propiedad Intelectual
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Últimamente varios colegas denuncian haber sido víctimas de robo de ideas. Cada caso es distinto, pero el modus operandi es bastante parecido: un cliente (u organizador) les solicitó una propuesta gráfica como requisito para adjudicarse cierto proyecto. Una vez que entregaron el diseño (o ilustración, fotografía, obra, etc) no tuvieron más noticia o se les comunicó que la propuesta fue rechazada. Para su sorpresa, transcurrido cierto tiempo se enteraron de que el cliente publicó una creación sustancialmente parecida, sin reconocer la obra original ni pedirles autorización para explotar comercialmente la obra derivada. ¿Por qué ocurre esto? Y más importante: ¿Cómo prevenirlo?

¡LA IDEA FUE MÍA!

Una aclaración importante antes de desarrollar el tema: las ideas no tienen dueño, por tanto nadie puede reclamar propiedad sobre ellas. Lo que sí tiene dueño son las obras, o sea la materialización específica de una idea en alguna forma o sobre algún soporte:

LA RAÍZ DEL PROBLEMA

Como quiera que se produzca este «robo de ideas» (en rigor, de obra), la clave del problema es que los artistas gráficos suelen presentarse a licitaciones o convocatorias sin tomar precauciones, concretamente sin inscribir su obra hasta entonces inédita. El robo en estas circunstancias es bastante común y adquiere diversos mecanismos:

1) Test de admisión: suele darse en agencias, donde el postulante a un cargo debe ejecutar y entregar tareas o ejercicios para evaluar su capacidad de respuesta. P. ej.: cómo resolvería una campaña publicitaria ficticia.

2) Muestra: es común en editoriales, donde el dibujante o ilustrador debe presentar una propuesta bastante más acabada que un simple boceto lineal (más bien una obra completada, a todo color), supuestamente con objeto de evaluar cómo funciona su mano y de qué manera interpreta un texto. En ocasiones esta muestra se usa como modelo, para asignar la tarea a otro artista por menos precio.

3) Licitaciones / concursos gráficos: por medio de las bases (muchas veces leoninas) el organizador recopila un buen número de ideas gratis, de las que se apodera premiando solo a una de ellas o bien declarando desierto el concurso.

NO BASTA CON CREAR. HAY QUE INSCRIBIR

Según la OMPI o el Convenio Internacional de Berna, el derecho de autor surge por la mera creación de una obra y no requiere ninguna otra formalidad para tal protección. No obstante, en la práctica dicho amparo es insuficiente.

En un artículo titulado “no basta con crear… hay que inscribir” , la Dibam (que administra al Dpto. de Derechos Intelectuales de Chile, o DDI) explica que:

Inscribir una obra es el medio más rápido de prueba ante la ley. Frente a un juicio por derechos de autor, la prueba palpable de la obra inscrita es irrefutable. El número de inscripción ‘es como un espanta-cucos’, dice una funcionaria de esta unidad, refiriéndose a quienes se dedican al poco honroso oficio del plagio.

En simple: al presentarnos a concursos o cualquier otra convocatoria con este dato acompañando nuestra propuesta gráfica estaremos evitando cualquier robo de ideas, por el carácter disuasivo del Nº de inscripción.

Importante: el trámite de inscripción no es inmediato (obtener el certificado tarda apróx. 1 mes), pues la propuesta debe cotejarse con la base de datos del DDI. Mientras tanto podemos agregar a nuestra obra una glosa que demuestre que la inscripción se encuentra en trámite y/o pedir alguna certificación provisoria al DDI.

«NO ES PLAGIO SI LA COPIA NO ES IDÉNTICA»: ¿SEGURO?

Un «ladrón de ideas» argumentará que no hubo calco, sino que tomó prestados ciertos elementos de una obra ajena, pero que en último término dieron origen a obra distinta; en otras palabras que puede haber semejanza, pero no identidad. ¿Cierto o falso?

Según la Guía “Creaciones artísticas y el derecho de autor” (OMPI, 2007) una obra no tiene que ser idéntica a otra para hablar de copia. Basta que sea sustancialmente parecida y/o que se demuestre que el autor de la copia tuvo acceso a la obra original. Por demás, ya hemos hablado de las obras derivadas, y para que estas puedan ser publicadas, reproducidas, distribuidas o explotadas comercialmente requieren autorización expresa del titular de derechos de la obra original (en Chile, según prescribe el art. 20 de la Ley 17.336 de Propiedad intelectual).

El punto, sin embargo, es probar quién tuvo la idea primero, y ahí cuentan las fechas de creación de obra (archivos originales) y nuevamente, el Nº de inscripción en el DDI, pues deja constancia sobre fecha y hora de creación. Esto es determinante en litigios, como demostró el caso del actor y guionista Álex Rivera, quien emprendió acciones legales contra la estación televisiva chilena Canal 13, por supuesto plagio.

ACCIONES LEGALES: ¿VALEN LA PENA?

Una demanda es trámite lento, caro y engorroso. Tiene sentido sólo en casos relevantes, donde haya mucho dinero en juego (hablemos de millones) y las pruebas sean muy favorables al artista. Esto lo saben algunos inescrupulosos y por ello la recomendación es no actuar sobre hechos consumados, sino tomar medidas preventivas o disuasivas como las expuestas en este artículo.

De todas formas la consulta a un abogado especialista en Propiedad Intelectual siempre será una buena inversión. Aparte de ser el único profesional facultado para interpretar la Ley, es quien mejor puede ayudarnos a determinar un plan de acción (incluyendo la vía de un acuerdo extrajudicial) o armar un caso para obtener compensación por daño emergente. Para contactar a alguno, revisa nuestro directorio de abogados.



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