Crowdsourcing y trabajo especulativo
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May
7
Grafiscopio
Crowdsourcing y trabajo especulativo
Comercial, Debate, Negociación
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Poco a poco proliferan sitios web que ofrecen a clientes creatividad por bajo precio, y a diseñadores la chance de postular a múltiples encargos de su área (o perfil). Lo que a simple vista parece una win-win situation, ha generado polémica dentro y fuera de Chile (en EEUU y UK se discute hace al menos 6 años) por la forma en que se transan dichas tareas, y que las aproxima o convierte en trabajo especulativo.

¿QUÉ ES EL CROWDSOURCING?

Crowdsourcing -del inglés crowd (multitud) y outsourcing (externalización)- es un modelo de trabajo que consiste en someter alguna tarea a una comunidad (en vez de limitarla a un departamento, agencia o empleado) mediante convocatoria abierta. Así, el organizador o empleador puede elegir entre varias propuestas, pagando solo por la que finalmente escoja.

¿EL CROWDSOURCING ES TRABAJO ESPECULATIVO?

No, pero puede serlo. Aquí comienza el debate, pues ciertas plataformas de crowdsourcing estarían al borde de la ética profesional. Por ello autoridades del rubro gráfico como AIGA han definido su posición en torno al tema. Sin embargo, no me parece que la suya sea una postura tan radical como le atribuye la RGD. Lo que AIGA señala es que no todo trabajo sin paga es especulativo, pero en último término diseñador y cliente deben tomar una decisión y aceptar los riesgos.

Muchos diseñadores gráficos ven el crowdsourcing con recelo por 2 razones: a) estimula competencia desleal entre profesionales y amateurs que ofrecen servicios a muy bajo precio, b) es una forma de licitación donde muchos postulan (y envían propuestas) sin garantía de ser elegidos, ergo sin paga. Además, sostienen que se crea una relación poco profesional, lo que deriva en resultados mediocres o incluso plagios, como explican el video de Topic Simple o Dan Ibarra en el artículo Why Designers hate crowdsourcing (Forbes, 7 dic. 2010), en relación a 99designs (Australia), un portal tan rentable como criticado (lo mismo que otros como CrowdSpring): “es como ir a Walmart: la idea no es necesariamente presentarte buenas propuestas, aunque sí un montón de ellas. Eso no es necesariamente mejor.”

DISEÑADORES FURIOSOS

Como en todo asunto, hay bandos radicales: la RGD, la campaña Anti-Spec, Designers Against Crowdsourcing o Spec Watch, apuestan por defender el trabajo de profesionales gráficos y alertan o vigilan cualquier forma de trabajo con indicios de especulativo, en particular crowdsourcing o licitaciones. Incluso el reglamento de la RGD prohibe a sus miembros tomar parte u organizar concursos con fines comerciales basados en especulación.

En entrevista para Mashable, Graham Smith (diseñador de logotipos inglés) y Jacob Cass discuten el tema y señalan que el modelo crowdsourcing puede ser atractivo en términos financieros -para el cliente más que el diseñador-, pero a costa de la calidad. De hecho Smith confiesa que un cliente acudió a él cansado de gastar tiempo y dinero en esos sitios, y que tal vez una buena recompensa estimule a diseñadores competentes a participar en ese tipo de licitaciones. Cass va más lejos: “No me hagas hablar del tema. Esas plataformas deben evitarse a toda costa. Hacen más daño que bien a un negocio”.

¿GUERRA AL CROWDSOURCING?

Es lo mismo que se pregunta este artículo de Wired, aunque sin atacar el modelo, sino exponiendo datos y planteando preguntas que como diseñadores tal vez debemos hacernos. ¿Por qué ha crecido la demanda de diseño de clase económica (low-end design)?, ¿Acaso es la respuesta a sobreoferta profesional?, ¿Nos tomó por sorpresa un modelo de negocio de la era internet?, ¿Somos el único rubro que se opone al crowdsourcing, mientras este se aplica en áreas como R&D (p. ej., InnoCentive)?

EL DISEÑO COMO COMMODITY

Un commodity es un producto o bien por el que hay demanda en el mercado y se comercia sin diferenciación cualitativa en operaciones de compra y venta, o sea, cualquier producto destinado a fines comerciales. Hay quienes traducen commodity como «mercancía», pero en este caso es importante recalcar su naturaleza genérica, básica y sin mayor diferenciación.

En un artículo titulado ¿Es el Diseño un commodity?, Steven Bradley (Vanseo Design) aborda el problema de esta disciplina convertida en mercancía genérica (por culpa entre otras cosas del auge de plataformas de crowdsourcing): «¿Puede el Diseño convertirse en commodity? Pienso que la respuesta es sí, basándome en la forma cómo el mercado percibe el Diseño. ¿Es el Diseño un commodity? Pienso que no, basándome en las diferencias siempre presentes entre cada solución de diseño. El Diseño en sí jamás será un commodity, pero el ejercicio profesional del Diseño puede terminar en eso.»

POSICIÓN DE GRAFISCOPIO

El problema con el crowdsourcing no es el qué sino el cómo. Cuando veo una cláusula como esta (en sección dirigida al cliente) de la red Nace, indudablemente frunzo el ceño, y siento el deber ético de informar a quienes piensen que así se negocia un servicio creativo. Por lo general soy renuente a concursos o competiciones para adjudicarse un encargo (si es por apostar prefiero el casino: trabajo menos, me divierto más y arriesgo lo mismo), pero reconozco que el crowdsourcing no es intrínsecamente perjudicial, a menos que se conduzca de manera poco ética.

Igual que en otros ámbitos, los medios tecnológicos evolucionan más rápido de lo que nos adaptamos a ellos, y varios proyectos o paradigmas en principio bien intencionados de pronto escapan de las manos y obligan a crear regulaciones para escenarios no anticipados. En este caso, la definición de un marco más acorde con la ética profesional para plataformas de crowdsourcing, como el que declaran tener en Workana o las listadas aquí. Si un modelo de trabajo daña a la industria creativa con tal de satisfacer a clientes, termina alejando a sus mejores proveedores, es decir, desprestigiándose.

El crowdsourcing no debe ser abolido, sino regulado. Este formato no amenaza a profesionales competentes (como en cualquier disciplina, los mejores no van a golpear la puerta de un cliente; es el cliente quien acude a ellos), sino que responde a una necesidad puntual: diseño económico para clientes que privilegian velocidad o precio sobre calidad. Eso no es pecado -todos hemos probado comida rápida alguna vez- pero como reza el aforismo: “lo barato cuesta caro”, especialmente en materia de servicios profesionales.

Si aspira a abolir las plataformas de Crowdsourcing, o la forma en que estas ofrecen Diseño, nuestra disciplina debe ofrecer calidad y relevancia (como propone Tim Brown en su célebre llamado a pensar en grande: abandonar el Diseño decorativo (o de moda) y enfocarlo a temas como Educación, Salud, Calentamiento Global, etc). En esta línea, Steven Bradley afirma: «si no queremos que el Diseño se convierta en commodity deberíamos hacer todo lo posible para pulir de forma consistente nuestras habilidades y crear propuestas cada vez mejores. Jamás deberíamos usar el precio como pivote para vender y, al contrario, dar el ejemplo respecto a cómo el buen Diseño supera al malo.»



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