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Sep
11
Grafiscopio
El origen de las peores ofertas laborales
Debate, Laboral, Metodológico
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Siguiendo la línea argumental de mi otro artículo, y mientras navegaba por internet, encontré esta singular “oferta de empleo” en el portal PubliPega.com:

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Como descargo, por el simple gusto de desatorarse (que todos más o menos compartimos) está buenísimo. Pero enfocarse en el efecto y no la causa sería como apuntar el rifle a la sombra del oso que viene a atacarnos, en vez de fijarse en el animal. ¿Dónde empieza todo esto?

ANATOMÍA DE UN DESASTRE

Igual que la serie-documental de TV Catástrofes Aéreas comienza presentando un accidente y termina explicando su origen (siempre lógico, pero no siempre evidente), para mí la secuencia de eventos que acaba en una proliferación de ofertas laborales indignas es más o menos esta:

1º) Planteles de educación superior continúan impartiendo carreras con sobreoferta profesional (todos conocemos lo que explicó Adam Smith en Riqueza de las Naciones (1776): «cuando empleados persiguen a empleador, los sueldos bajan» y no deja de sorprender la diferencia entre arancel anual de la carrera de diseño gráfico vs. ingreso promedio al 4º año de egreso, según mifuturo.cl [MINEDUC]). Alumnos no reciben formación sólida en temas de (auto)gestión, administración (no se imparte asignatura o material tipo Cómo presupuestar Diseño [Arg] o Cómo y cuánto cobrar por diseño gráfico [Méx]) y Propiedad Intelectual. Se enseña a hacer (técnicas manuales, recursos gráficos, manejo de software) más que a pensar (leer, dirigir proyectos). Estudiante acumula deuda por crédito universitario.

2º) Alumno egresa con poca conciencia respecto a su valor de mercado y derechos de autor. No sabe administrar un negocio propio (freelance o micro-empresa), por lo que se orienta espontáneamente a buscar empleo en lugar de crearlo (con la esperanza de acumular un capital para hacer despegar un proyecto personal a futuro). Tiene pocas referencias de precios o remuneración, producto del hermetismo y/o atomización de sus colegas.

Los que deben dinero por concepto de crédito universitario se ven prácticamente forzados a encontrar empleo para saldar la deuda. Además, el principiante no tiene una disposición proactiva: espera que le den trabajo y no se informa respecto a las carencias indicadas al comienzo de este punto (posiblemente debido a lo que expongo en el punto #1). Por todo lo anterior está “abandonado a su suerte” y dispuesto a tomar cualquier tipo de encargo o empleo, aun aquellos en condiciones irregulares o indignas.

3º) Así, el empleador “aprende” que los diseñadores valen poco y que su labor es de índole decorativa y técnica -mano de obra- más que intelectual (parafraseando el art. 2006 del Cód. Civil chileno). O bien el empleador sí sabe cuánto aporta el diseño a su negocio (ver el siguiente apartado), y por lo mismo prefiere contratar talentos sin conocimientos ni experiencia. Puesto que el propio diseñador ignora su valor de mercado, es el empleador quien muchas veces lo fija a su albedrío (situación extensiva a freelancers: el cliente zanja tarifa mediante frases como «tengo $X, ¿te interesa?»).

SOLUCIÓN

Por romántico, chistoso o incluso heroico que suene estampar un reclamo público contra “empleadores tacaños”, me parece que la solución no va por atribuirles la principal responsabilidad del problema, pues ellos son la última fase de una cadena que parte por la Academia. En primer lugar nadie debería postular a ofertas indignas o arbitrarias (al no existir demanda, terminarían siendo erradicadas), pero para ello es necesario fundamentar el llamado, y aquí es clave difundir y leer información como la que recopila Grafiscopio, pues educar al mercado empieza necesariamente por educarnos a nosotros mismos, en palabras de Michael Bierut.

Podría decirse que un determinado sueldo es mezquino dependiendo de quién lo mire. Así, las ofertas que un veterano rechaza o critica serían una oportunidad para practicantes o principiantes que buscan ingresar al mercado a “foguearse”. El inconveniente es que la mayor parte del sector Diseño descanse sobre manos inexpertas (como revelaba una estadística de futurolaboral.cl (2008): 63,5% de profesionales entre 25-34 años de edad. Curiosamente, este dato se perdió cuando el sitio pasó a ser mifuturo.cl). Seguro que hay otros sectores con profesionales igual o más jóvenes (p. ej., el tecnológico), pero la diferencia está en la conciencia del valor que aportan a un negocio. En el caso de Diseño, esa conciencia la tienen algunos empleadores (que buscan talentos jóvenes a bajo precio) mientras otros la ignoran a tal punto que no desean pagar demasiado por algo que consideran ornamental.

En su descargo contra la supuesta colusión de salarios entre grandes estudios de CGI americanos (Pixar, Dreamworks, LucasFilm, etc.), Stephen Silver repara en que los creativos dieron empleo a un sinnúmero de ejecutivos y directores que en la práctica solo administran el trabajo de quienes realmente hacemos funcionar la máquina. Ser conscientes de ello -por ejemplo, poniendo el mismo interés en aprender a manejar un negocio que el que ponemos en aprender a usar software- puede ser el punto de inflexión en todo este asunto.

Además, téngase en cuenta datos como el que aportan el BID o British Council, respecto al potencial económico de las industrias creativas para aumentar la productividad y competitividad de países emergentes (el sector creativo es más fácil de implementar que la industria pesada, y resiste mejor las crisis económicas locales o globales). Si a ello sumamos el análisis de Carlos Hinrichsen sobre impacto de diseño en ventas de Pymes, o el de Carmen Mieres sobre Diseño como clave para mejorar la competitividad de las empresas (Diario Financiero), queda claro el valor efectivo de lo que hacemos. Y una oferta laboral -o la postulación a ella- debería estar en consonancia con tales datos.



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