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May
22
Grafiscopio
Entrevista: Miguel Ángel Ferrada. Editoriales y Derecho de Autor
Derecho autor, Editorial, Entrevista
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Miguel Ángel Ferrada es director de la editorial independiente Arcano IV, dedicada a la publicación de narrativa gráfica. Entre los títulos que dicha casa ofrece figuran Locke & Key (considerada a nivel mundial una de las mejores series de novela gráfica), Siento y Miento de Alfredo Rodríguez, y la puesta al día de Dr. Mortis, en una trilogía de libros donde Ferrada ejerció labores de director y guionista. En esta entrevista quisimos preguntarle sobre el Derecho de Autor en su rubro, por lo importante que es para quienes administran editoriales y la relación comercial con sus proveedores.

1) Hasta donde sabes, ¿Cómo se negocian los derechos en el rubro editorial?, ¿Cómo manejas el pago en participación de las ventas (Art. 50, Ley 17.336 de Propiedad Intelectual chilena) para un ilustrador y escritor de cierto libro?

Depende del proyecto particular. En el rubro editorial tradicional, donde principalmente se trabaja con obras literarias, se paga un adelanto por regalías de derecho de autor, las que suelen corresponder al 10% del valor del precio de venta del libro. 
En el caso de nuestros libros, al tratarse de narrativa gráfica -lo que suele implicar varios autores- el modelo cambia dependiendo de las características de cada proyecto específico.

En el caso de un libro como Chile Arqueológico, donde se trata de un autor completo, se hace un Contrato de edición en el que se destina un porcentaje del precio de venta a público, no menor al 10%, como regalías. En los primeros meses del año se realiza un informe de ventas del año anterior, se calcula lo recaudado y se cancela el monto. Si se trata de coautores -léase, dibujante y guionista- las regalías se dividen según acuerden los coautores, pero como regla es que sea en partes iguales, a menos que ellos lo estipulen de otra manera.

En un libro como Lado B, donde participan diversos creativos pero es un proyecto gestionado por una persona, el sistema es similar al anterior, donde esta persona ejerce como “el autor” con quien la editorial realiza el contrato de edición. Para ello, el autor debe ser el titular de la totalidad de la obra, contando con las licencias o transferencias de todas las personas que participaron en el proyecto. Esto es lo que se conoce como obra colectiva.

En otros proyectos de la editorial, como los libros de Mortis, se ha cancelado a los autores un adelanto de derecho de autor, según un cálculo previo de ventas. Si bien el adelanto para el dibujante es más alto que para el guionista (65%-35%), la diferencia es solo como adelanto, ya que las regalías se dividen en partes iguales. Es decir, si las ventas de los libros superan el monto adelantado, el guionista comienza a recibir regalías antes que el dibujante, ya que a este último se le adelantó una cifra superior.

En el caso de ilustraciones para un libro, no opera el concepto de Contrato de edición -ya que es un encargo puntualsino un Contrato por obra. En este caso se realiza el encargo y se paga la licencia de uso al ilustrador.

También ha ocurrido que hemos realizado proyectos para instituciones, donde una de las condiciones es que la titularidad de la obra resultante sea de la institución. Acá operamos con pago por la transferencia o cesión de los derechos patrimoniales por parte de los autores hacia la editorial, y luego la editorial transfiere los derechos de la obra íntegra al cliente final, que es la institución.

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2) ¿Te parece que existe desconocimiento y/o negligencia en torno al tema propiedad intelectual a nivel editorial (de parte de editores o proveedores)? De ser así, ¿A qué lo atribuyes?

Demasiado. Cuando comenzamos este proyecto editorial, nadie, absolutamente nadie en el rubro manejaba bien los conceptos fundamentales de la ley que rige esta materia. Las editoriales tradicionales sólo se manejaban con el concepto de regalías por contrato de edición y las licencias de uso estaban en la más completa informalidad. De parte de los proveedores pasaba lo mismo. Pese a que muchos de los autores con los que trabajamos ya llevaban algunos años insertos en el mercado gráfico, nadie tenía muy claro cuáles eran sus derechos y las formalidades propias del trabajo. Por las características iniciales del proyecto, que involucraban un personaje creado por un tercero hace varias décadas, comprendimos muy temprano que la correcta gestión de la propiedad intelectual es el pilar sobre el que debe sostenerse el modelo de negocio. Sin embargo, en ese entonces todo era muy difuso; había muchos preconceptos e ideas erradas dando vuelta, lo que sin duda fue contraproducente.

Creo que se debe a una inmadurez arraigada en lo que somos como país tercermundista: acostumbrados a la explotación de recursos naturales, todo lo que sea generación de valor agregado era mirado por encima del hombro, lo que permea incluso a quienes se dedican al rubro. Es cosa de comparar el cambio de la institucionalidad. Uno mira el Departamento de Derechos Intelectuales (DDI) y está a años luz de lo que era hace cinco años, en todo aspecto.

3) ¿Son habituales los contratos de prestación de servicios a honorarios en editoriales pequeñas o grandes, o las condiciones tienden a pactarse en forma consensual?

Los contratos no son usuales. Nosotros recién dimos con un modelo en regla a principios del año pasado, luego de contratar a un abogado que nos ayudara en el tema, y poco después apareció el modelo de Grafiscopio, que es una herramienta de lujo.

Si bien la ley habla de “cualquier forma contractual”, y como rubro hemos tendido a descansar en la validez legal de correos electrónicos,  presupuestos, cotizaciones aprobadas y otros instrumentos que sirven para estos efectos, el ideal de utilizar un contrato claro y preciso aún no se instala en el medio.

vineta-03-mferrada4) ¿Has recibido reclamos de proveedores por disconformidad con el tratamiento de sus derechos de autor? En caso afirmativo, ¿Se justificaban o respondían a desconocimiento del tema?

Solo en dos ocasiones, ninguna de las cuales tenía fundamento, ya que más que referirse a materias puntuales de la ley, el reclamo era vago e iba dirigido a apreciaciones de cómo “debieran” ser las cosas, según su particular perspectiva. Ambos casos se pueden explicar en la confusión de  conceptos básicos de la ley: la diferencia entre derecho patrimonial y derecho moral, las distintas formas contractuales existentes y cómo operan las co-autorías. Sin entrar en mayores detalles, para no pasar a llevar a las contrapartes, creo que de todos lados pagamos los costos de no conocer a cabalidad la ley. Nuestro principal error, en esos casos, fue no trabajar con un contrato de por medio.

En otros casos, como el de proyectos para un tercero, nos hemos encontrado con dibujantes que consideran “fuera de la ley” hacer una transferencia de derechos patrimoniales, por estimar que hacer un cómic siempre será un trabajo autoral distinto a la ilustración, cuando la ley establece claramente que los derechos patrimoniales de toda creación pueden ser transferidos total o parcialmente. En este caso, simplemente no trabajamos con esa persona y buscamos un dibujante que no tuviese esa confusión.

5) Finalmente, ¿Qué consejos darías a un artista visual o ilustrador que vaya a negociar por primera vez con una editorial?

Conocer muy bien la ley de propiedad intelectual y aprender, en sitios como Grafiscopio, cómo se negocia un trabajo, me parecen asuntos ineludibles.

Me gustaría hacer hincapié en lo que respecta a la ley: es bueno leerla y conocerla; negociar con algunos conceptos básicos en mente, ya que me he encontrado con errores conceptuales que han impedido trabajar con profesionales en proyectos puntuales.

Como ya mencioné, la diferencia entre derecho patrimonial y derecho moral, y no mezclarlos basándose en lo que leíste en un foro de internet o en el reclamo de Alan Moore contra DC o los herederos de Jack Kirby. Un autor siempre tendrá el derecho moral sobre su obra, siempre debe ser reconocido como el autor de la obra, pero si ha transferido la titularidad de los derechos patrimoniales no tiene poder sobre la gestión comercial de aquella. Esto que parece tan terrible es la principal herramienta de negociación con la que cuenta un freelancer.

Para poner un ejemplo: si Jack Kirby no hubiese transferido la totalidad de sus derechos patrimoniales, Marvel no habría podido generar un modelo de negocio que actualmente ha convertido esas creaciones en el tremendo negocio que son hoy. El error de Kirby no fue transferir los derechos de su obra, sino considerar una participación en las futuras ganancias que el titular podría generar. Su equívoco fue luchar por ser el titular moral y patrimonial cuando siempre fue un trabajo por encargo. Si una empresa te pide que diseñes a la “mascota” de su marca, evidentemente van a querer ser los dueños absolutos de ella, por lo tanto estás en condiciones de pedir un pago que refleje eso. Si te pones a pelear por la titularidad perderás pan y pedazo.

Como prueba al canto, todos los autores que han reivindicado la titularidad del autor por sobre las corporaciones, y que han terminado encargando trabajos a otros autores, quedándose ellos con la titularidad de estos últimos, están usando el mismo modelo que las editoriales que antes han criticado. Hay un motivo por el cual se paga más por una página de cómic de Star Wars que otra de un cómic “creator owned“.

esquirlas4-mferradaCon esto en mente, ten muy claras las tres formas contractuales que se pueden aplicar: si eres el dueño de una obra y quieres que una editorial la publique, lo que tienes que hacer es un contrato de edición que no puede ser por menos del 10% del precio de venta a público del libro. Si eres dibujante y un guionista te pide que dibujes su historia para una editorial, o viceversa, van a ser coautores y ambos deben firmar el contrato de edición a menos que lo tomes como un encargo. En este caso se aplican dos modelos, que son los que también se aplican en el caso de un encargo por parte de una editorial o productora: la licencia de uso (que se refiere a obras creadas ex profeso o con anterioridad, para un uso específico) y la transferencia o cesión que implica transferir tus derechos patrimoniales, parcial o totalmente, a un tercero.

Si bien las editoriales y productoras tenemos el deber de operar de manera profesional, transparente y de acuerdo a la legislación vigente, lo mismo aplica para ambos lados. Nos ha pasado que, al tratarse de cómic, muchos “profesionales”, que en otras áreas se comportan como tales, al trabajar en un encargo de cómic no lo toman como tal y no aceptan realizar las correcciones pactadas, no cumplen con plazos de entrega, etc., ya que consideran esto como parte de las cosas que hacen por amor al arte, estableciendo una separación absurda entre disciplinas, sin tomar en cuenta el contexto. Antes de reclamar contra las editoriales -que es cierto que durante años han operado de manera poco diligente- revisa si has cumplido con lo pactado, si entregaste el encargo a tiempo, si estás cumpliendo con las condiciones acordadas en un comienzo.

Por último, recordar que el Departamento de Derechos Intelectuales (DDI) opera de modo similar a la Dirección del Trabajo, donde se considera la relación entre autor y empresa como una relación asimétrica y el DDI vela por los derechos de los primeros. Si has trabajado de acuerdo al derecho y has cumplido con las condiciones pactadas, y consideras que la editorial o productora ha ido en desmedro de tus derechos, tienes toda la institucionalidad para respaldarte. Si aún existen empresas que operan fuera de la ley, gran parte de la responsabilidad por ello la tienen hoy en día proveedores que siguen siendo poco o nada profesionales, y creen que “velar por sus derechos” es reclamar por internet.

Imágenes para este artículo, gentileza de M.A. Ferrada. Diseño imagen principal por Grafiscopio.com

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  1. Entrevista: Miguel Ángel Ferrada. Editoriales y Derecho de Autor | Grafiscopio, me ha parecido muy insteresante, me hubiera gustado que fuese más amplio pero ya saeis si lo bueno es breve es dos veces bueno. Enhorabuena por vuestra web. Besotes.

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