"Lo necesito para ayer"
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Mar
26
Grafiscopio
“Lo necesito para ayer”
Cliente, Comercial, Metodológico, Negociación
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Quien haya trabajado con clientes sabe lo que es un encargo urgente. Pueden ser tareas sencillas o complejas, pero todas tienen en común el carácter de emergencia y un plazo estrechísimo para desarrollarlas, que no siempre va de la mano con una recompensa acorde. ¿Vale la pena tomarlas?

“Sin presión no habría diamantes” dice un dicho, en alusión a las condiciones físicas que producen esas joyas y también a que nuestras mejores ideas o creaciones aparecen en situaciones límite. Pero el refrán no es infalible, ya que a veces una buena idea puede estropearse justamente por el mezquino lapso para su materialización.

El truco de la cotización urgente

En este medio es habitual que nos pidan cotizaciones urgentes para determinada tarea. Con tal de no perder un posible cliente o encargo, los novatos o incautos se esforzarán por cumplir la solicitud descuidando que se les pide con urgencia justamente para evitar que evalúen con rigor las condiciones y propongan una cifra acorde. En otras palabras, los que entregan cotizaciones urgentes a menudo terminan cobrando menos de lo que realmente vale un trabajo.

¿Virtud o defecto?

Existen los especialistas en “apagar incendios”, o resolver imprevistos de última hora. Han desarrollado una habilidad especial para lidiar con problemas -o caprichos- de clientes apremiantes, incluyendo el muy conocido “cierre editorial” (día previo a impresión y/o publicación de revistas o diarios, donde todo debe decidirse contra reloj y abundan los cambios de última hora). Como tales, son apetecidos y pueden obtener buenos dividendos por capturar un nicho donde pocos cumplen. Pero sin darse cuenta, estos velocistas van malcriando a su cliente, al hacerle creer que todo trabajo puede -y debe- ejecutarse en tiempo récord. Y además, la producción continua bajo presión tarde o temprano pasa la cuenta, sea en calidad de vida u obra.

“Nada es imposible para quién no tiene que hacerlo él mismo”

Esta ley de Murphy da en el clavo. Es natural que algunos intermediarios (agencias, productoras, etc) quieran congraciarse con su cliente y ofrezcan maravillas terminadas de un día para otro. El problema es que al prescindir de nuestra participación en tales negociaciones previas, suelen excederse en promesas, ignorando los tiempos con que opera un proveedor (ilustrador, fotógrafo, animador 3D, etc), particularmente en labores creativas o técnicas que no pueden delegarse. El círculo vicioso continúa cuando estos últimos aceptan timings estrechísimos con tal de adjudicarse el trabajo, y sobre la marcha descubren que no era tan sencillo como parecía. Así, al no cumplir el plazo, son reprendidos por el intermediario, y deben hacerse cargo de una decisión irresponsable en que no tuvieron voz ni voto, pero que aceptaron.

¿Es realmente urgente?

Las urgencias suelen ser herencia de una norma viciosa. Todos -desde editores a diseñadores- asumen que es “normal” trabajar a prisa, pero nadie se pregunta en qué medida ello obedece a un problema de organización. ¿Por qué los colaboradores externos debemos hacernos cargo de una planificación improvisada o deficiente al interior de una editorial o agencia?; ¿O es que la urgencia es ficticia, y la usan para asegurarse de que entreguemos a tiempo? Y si así fuese, ¿Qué ganan con obtener un producto a tiempo, pero de mala calidad? A la larga, el tiempo perdido en correcciones post-entrega pudo ahorrarse otorgando un plazo más holgado, y de paso les entregaríamos una obra impecable. Por cierto que existen proveedores flojos que necesitan ser aguijoneados, pero asumir a priori que todos lo somos o funcionamos de esa manera es erróneo y hasta ofensivo.

Vale la pena esperar

En más de una ocasión he tenido que hacer frente a clientes preocupados por la inminencia del deadline, o derechamente molestos por la tardanza, una vez cumplido el plazo. Pero todo ello desaparece cuando reciben una obra que los deja más que satisfechos. “Valió la pena esperar”, admiten casi a coro. Y es que la creación gráfica no es una labor automática e inmediata, sino un proceso, que puede simplificarse u optimizarse, pero en la medida de lo factible. Tal como un buen plato, no quedará mejor preparado por calentarse a fuego máximo durante 30 segundos.

Último consejo: si vas a tomar un trabajo urgente, asegúrate de que tu cliente pague con la misma urgencia con que solicita la tarea, y que tu tarifa involucre un valor adicional por todo lo que implica un trabajo de esta índole, dado que en gráfica, como en cualquier otra área, las emergencias tienen un precio, empezando porque implican priorizar sobre otros clientes que podrían ofrecer mejor presupuesto. Y desde luego, recuerda que no hay peor amenaza para tu reputación que ofrecer un plazo imposible de cumplir, y no cumplirlo. Es cavar tu propia tumba.



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