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Grafiscopio
Cómo inscribir una obra en el Depto. de Derechos Intelectuales (DDI) Chile
Derecho autor, Metodológico, Propiedad Intelectual
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En este video-tutorial de 3,5 minutos te enseñaré a inscribir (o registrar) en línea una obra gráfica o visual en el Departamento de Derechos Intelectuales (DDI) de Chile, organismo vinculado a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM). Es importante que leas este artículo antes de proceder con el trámite:

1) ¿DÓNDE INSCRIBO UNA OBRA?

Para ir directamente a la sección de inscripción de obra, modalidad en línea, haz click AQUÍ.
(También puedes ir personalmente a inscribirla, en calle Herrera #360, comuna de Santiago, a pasos de metro estación Quinta Normal.)

2) ¿ES OBLIGACIÓN INSCRIBIR O REGISTRAR UNA OBRA PARA QUE ESTÉ PROTEGIDA POR DERECHO DE AUTOR?

No. El Derecho de Autor ampara a una obra por su mera creación y no requiere ninguna formalidad para existir. Sin embargo, la inscripción es importante.

3) ¿PARA QUÉ SIRVE INSCRIBIR UNA OBRA?

Según Revistas Abiertas (ONG Derechos Digitales), inscribir «resulta conveniente, en especial cuando hay intención de explotar comercialmente una obra. La función que cumple la inscripción de una obra en el registro correspondiente es la de preconstitución de prueba; es decir, se presume que quien inscribe una obra como propia en el Registro es el autor de esa obra y tiene todos los derechos sobre la misma.» Además, el propio DDI señala que la inscripción es una valiosa prueba sobre la originalidad de una obra, reduciendo la posibilidad de plagio o evitando el uso y/o explotación comercial de otra obra muy similar. En el peor de los casos, la inscripción puede servir como evidencia pública de autoría, en caso de litigio.

4) ¿DEBO INSCRIBIR TODAS MIS OBRAS?

Como me planteó el abogado Andrés Grünewaldt, del Estudio jurídico Silva & Cía., no es necesario inscribir toda tu obra, pero sí es conveniente hacerlo con aquella relevante, p. ej., tu trabajo hecho para alguna campaña publicitaria, concurso, o como medida de prevención al entregar material gráfico para postular a algún empleo, si te someten a examen o “prueba de creatividad” (a pesar de que Grafiscopio rechaza este tipo de tests de admisión, por cuanto fomentan el trabajo especulativo).

¿QUIÉN PUEDE INSCRIBIR UNA OBRA?

Como señala el sitio ChileAtiende el registro “puede realizarse por el propio titular, por quien obtenga tal calidad por medio de la respectiva transferencia o transmisión de los derechos, o por una resolución judicial o administrativa.” Lo que nos lleva al siguiente punto:

5) ¿QUÉ SIGNIFICA EL BOTÓN “AGREGAR TITULAR”? ¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE AUTOR Y TITULAR?

El primer paso en el proceso de inscripción de obra exige “Agregar titular”: esto quiere decir quién es el dueño de los derechos patrimoniales de la obra. En el momento en que creamos una obra somos al mismo tiempo autores y titulares, pero si cedemos todos los derechos a un cliente, seguimos siendo autores (por cuanto los derechos morales son irrenunciables), pero hemos transferido la titularidad a ese cliente (que ahora es dueño de los derechos patrimoniales, o sea los de explotación comercial de la obra). Por eso en el min. 1:31 puedes ver un apartado que dice “INFORMACIÓN SOLICITANTE: ¿Es el solicitante la misma persona que el titular?”.

6) ¿PUEDO INSCRIBIR UNA IDEA?

No. El Derecho de Autor ampara obras, no ideas (nadie puede reclamar propiedad sobre el pensamiento), y esta misma lógica aplica en el caso de inscripciones. Sin embargo, no es obligación inscribir una obra acabada: basta un boceto o incluso un bosquejo rápido hecho sobre servilleta, siempre y cuando sea legible y su aporte de originalidad sea evidente. Por otro lado, una idea puede inscribirse como texto, pero de nuevo: debe ser original y suficientemente creativo, no un pensamiento genérico.

7) ¿CUÁNTO VALE INSCRIBIR UNA OBRA?

Según el Art. 76 de la Ley 17.336 de Propiedad Intelectual chilena:

“La inscripción en el Registro de la Propiedad Intelectual se hará previo pago de los siguientes derechos calculados en porcentajes sobre una unidad tributaria mensual (UTM):
1.- Proyectos de ingeniería, de arquitectura y programas computacionales, 35%;
2.- Obras cinematográficas, 40%, y
3.- Cualquier otra inscripción de las contempladas en esta ley, 10%.”

Es decir, la inscripción de una obra visual o diseño gráfico cuesta el 10% de 1 UTM. Sin embargo, hace años acudí personalmente a inscribir 5 ilustraciones para una campaña publicitaria, y el DDI me permitió gentilmente inscribir todas por el precio de una. Si tienes dudas, lo mejor es que consultes antes de proceder a inscripción.

8) ¿CUÁNTO TARDA ESTE TRÁMITE?

El proceso en línea me tomó en total cerca de 10 minutos. Sin embargo, la recepción del certificado (momento en que, en rigor, finaliza el trámite) tardó 1 mes. Ignoro si esta tardanza obedece a problemas burocráticos, al tiempo que toma cotejar la obra con otras del archivo (para determinar su originalidad) o al momento en que realicé el trámite (enero, éxodo masivo por vacaciones de verano).

9) ¿TIENE VALIDEZ LEGAL EL CERTIFICADO ESCANEADO QUE LLEGA A MI MAIL?

Fue precisamente lo que pregunté al DDI tras recibirlo. Les comenté que, según entiendo, la firma en un documento escaneado no tiene validez legal, con lo que estuvieron de acuerdo. Me ofrecieron la opción de pasar a retirar una copia personalmente a sus oficinas.

10) ¿PUEDO INSCRIBIR UNA OBRA QUE ME ENCARGÓ UN CLIENTE, O MIENTRAS SE DESARROLLA EL PROYECTO?, ¿EN QUÉ CASOS MI INSCRIPCIÓN PODRÍA SER IMPUGNADA?

Depende. Como vimos en este artículo, las instrucciones no bastan para atribuirse autoría de una obra por encargo, de manera que un cliente no puede considerarse co-autor ni evitar que la inscribas, a menos que exista un aporte creativo sustancial de su parte (p. ej., un guión, material gráfico, una novela en el caso de narrativa gráfica, etc). También es importante revisar las condiciones de un contrato -si es que lo hubo- para verificar en qué medida la titularidad de la obra pertenece al cliente. Por ej., el modelo de contrato Grafiscopio, revisado por el abogado Andrés Grünewaldt (Estudio jurídico Silva & Cía) manifiesta expresamente que el cliente autoriza al profesional creativo para inscribir la obra. Finalmente, considera los casos especiales de titularidad que advierten los abogados José Ignacio Gallardo y Juan Carlos Lara (ONG Derechos Digitales), y que podrían invalidar la inscripción de este tipo de obras. Todo lo anterior nos lleva al siguiente punto:

El portal ChileAtiende indica:

“El conservador de derechos intelectuales (jefe del Departamento de Derechos Intelectuales, DDI) podrá oponerse a la inscripción cuando ella no se refiera a bienes protegidos por los derechos de autor o los derechos conexos. También, cuando sea evidente que el bien protegido solicitado no pertenece a la persona a cuyo nombre se solicita la inscripción.

Además, deberá negarse a inscribir cuando:

– Se solicita la inscripción a favor de una persona distinta de la que aparece como autor y/o como titular de los derechos en el ejemplar o documentos que se registran, ya sea por nombre verdadero o por seudónimo inscrito.
– Se solicita la inscripción de una obra bajo seudónimo no inscrito o que no se inscribe simultáneamente.
– Se solicita el registro de seudónimos no usados públicamente.
– Las sentencias y autos aprobatorios judiciales no están ejecutoriados, pudiendo al efecto exigir constancia fehaciente.
No se presenten los instrumentos públicos o privados autorizados ante notario que acrediten los derechos transferidos entre vivos o transmitidos por causa de muerte.
– No se cumplan los requisitos establecidos por la Ley Nº17.336 o su reglamento.”

BONUS: TENGO OTRAS CONSULTAS ESPECÍFICAS, ¿A QUIÉN ME DIRIJO?

Dic
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Grafiscopio
Collage y derecho de autor
Derecho autor, Metodológico, Propiedad Intelectual
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¿Es legal la técnica del collage? ¿Infringe algún derecho de autor? Dos preguntas que muchos creadores se hacen, bien por auténtica preocupación, con cierto escepticismo (como el debate que abren los artistas incluidos en el libro The alchemy of Appropriation. The science of visual theft and the new collage) o en tono desafiante (como el documental-collage o vídeo-remix “Me kago en los derechos de autor”). En este artículo despejaremos toda duda, pero antes definamos exactamente el término.

El collage es una técnica artística que consiste en crear una nueva obra mediante ensamble de varios elementos en un todo unificado. Aunque solemos limitarla a Pintura, Ilustración o Diseño (p. ej., agrupación de recortes de revistas), también es aplicable a otros medios como el audiovisual (videoclips, cine), música o literatura.

Es importante aclarar y advertir la relación entre collage y Propiedad Intelectual, a fin de orientar a artistas que piensan construir -o de hecho han construido- su portafolio en base a esta técnica, para evitarles inconvenientes como el bullado caso de plagio en que se vieron envueltas una joven ilustradora colombiana, la autora del libro y su casa editorial (nov. 2013). No se trata de las opiniones personales que cada artista pueda tener sobre el derecho de autor (“coarta la libertad”) o el collage (“muchos lo han hecho”), sino de remitirnos a lo que dice la Ley.

CopyrightAdviser.com, sitio que ofrece información general sobre copyright, responde a la pregunta de un lector: “Pretendo vender copias (prints) de collages que he creado a partir de varias revistas. ¿Infrinjo algún derecho?” 

Respuesta breve:

– ¿Usar imágenes recortadas de revistas constituye infracción?:
– ¿Soy titular de los derechos de autor del collage que he creado?: También la respuesta es  (pero bajo ciertas condiciones).

Respuesta detallada:

  • Aunque uses fragmentos pequeños de cada imagen de una revista, de todas formas necesitas permiso del titular de derecho de autor (copyright) de esas imágenes.
  • Aunque en general se establece que la infracción tiene que ver con usar una parte sustancial de obra ajena, al recortar un rostro estás usando una parte sustancial, aunque solo sea un fragmento del cuerpo de una modelo.
  • Si no quieres pagar o pedir autorización a los dueños de los derechos, puedes usar imágenes acogidas a licencia Creative Commons (CC), pero prestando atención a las condiciones de la licencia, ya que no todas permiten crear obra derivada y/o darle uso comercial.
  • Otra opción es que tú mismo hagas las fotos cuyos fragmentos usarás para armar el collage, o encargarlas a un fotógrafo, pero asegurándote de que cuentas con su permiso para usarlas.

FunnyStrange.com es un sitio administrado por la artista de collage inglesa Sarah Ovenall, quien ofrece un compendio exhaustivo de información legal sobre este tema. Entre otras definiciones aclara:

  • Que el collage es obra derivada. Es decir, está basada o incorpora elementos de obra pre-existente y/o ajena.
  • Para que una obra derivada quede amparada por el derecho de autor (copyright) debe ser significativamente distinta de la(s) obra(s) original(es) como para constituir una creación nueva. De lo contrario es mera reproducción (copia idéntica).
  • Lo más importante para el artista de collage es que una obra derivada puede incluir material protegido por derecho de autor SOLAMENTE si el autor del collage:

a) Es al mismo tiempo el autor de la(s) obra(s) original(es) de donde se extrajeron los fragmentos que lo forman.

b) Cuenta con la autorización expresa del titular de derechos de autor de la(s) obra(s) original(es). Por ej.: de la editorial que publica las revistas de donde se obtuvieron los recortes que lo forman.

Además, Ovenall enumera una serie de MITOS COMUNES sobre collage y propiedad intelectual, cuya descripción detallada (en inglés) se puede leer bajo cada uno:

  • “El collage es considerado uso legítimo (fair use), por tanto no está sujeto a leyes de copyright.”
  • “Mi collage puede incluir material protegido por copyright, mientras yo no use más del 5%, 10% o una pequeña porción de obra original.”
  • “Puedo usar material protegido por derecho de autor en mi collage, siempre y cuando yo no lo reproduzca / haga pocas copias / lo regale o done para fines benéficos.”
  • “Si algo ha sido publicado sin aviso de copyright / en lugar público / en la internet, no está protegido por copyright, y por tanto se puede usar libremente.”
  • “Mi collage es una parodia, por tanto está protegido.”
  • “Todo este palabrerío legal está bien, pero solo importa para los peces gordos. Nadie va a demandarme.”
  • “Algunos artistas se salen con la suya ignorando el copyright, ¿Puedo hacerlo yo también?”

Por su parte, la Asociación de Artistas Visuales de Islas Baleares (AVIB) expone en su artículo “Sobre los derechos de autor en los collage” el siguiente antecedente:

“Según derecho, entran en juego varios factores. Mi obra de collage se consideraría como obra compuesta (derivada), es decir, creada en base a una obra preexistente, obra objeto de propiedad intelectual. En el proceso normal de gestión de derechos se entiende esta cadena: las modelos ceden su derecho a la propia imagen (de esas fotografías concretas) al fotógrafo, y el fotógrafo cede los derechos de su obra (las fotografías) a la revista que las compra (en mi caso VOGUE y ELLE). Con lo cual, los derechos son de la revista; así debiera ser. Con todo esto, la recomendación de este abogado de “Arte y Derecho” es que me ponga en contacto con ambas editoriales y les pida permiso para utilizar esas imágenes en mi obra, para evitar así ningún tipo de problema.”

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) ofrece un interesante artículo titulado “Problemas jurídicos que plantea tomar o utilizar fotografías de marcas, personas y material protegido por derecho de autor”, donde también puede hallarse información aplicable al ámbito de los collages.

 

Anexo: collage y ley de Propiedad Intelectual chilena

Nuestro país se encuentra acogido al Convenio de Berna y otros tratados que de cierta forma homologan las leyes de propiedad intelectual entre países suscritos, por lo que buena parte de la información contenida en este artículo aplica de igual forma dentro y fuera de Chile. En el caso específico del collage, sitios como FayerWayer o Quemar Las Naves advierten que hacer uno sin autorización es ilegal y plantean críticas razonables a un modelo de Derecho de Autor que bajo cierta óptica resulta demasiado restrictivo y obsoleto para la era de internet (o en un mundo donde finalmente todo es mezcla y copia, como propone este documental). Pero un juicio de valor sobre el Derecho de Autor no deja de ser simple opinión y por el momento es riesgoso darle carácter oficial pasando por alto la Ley, que en Chile aborda el tema de las obras derivadas (es decir, aquellas creadas a partir de otras obras originales) en el Art. 18:

“Sólo el titular del derecho de autor o quienes estuvieren expresamente autorizados por él, tendrán el derecho de utilizar la obra en alguna de las siguientes formas:”

inciso c): “Adaptarla a otro género, o utilizarla en cualquier otra forma que entrañe una variación, adaptación o transformación de la obra originaria, incluida la traducción.”

Por cierto que la titularidad de derecho de autor no opera en el caso del Dominio Público, fuente abierta y universal de la que Chile no está exento. Si creas un collage con material disponible en D. P., no tienes que pedir autorización a nadie ni infringes derecho alguno.

A continuación transcribimos un compendio de links para búsqueda y descarga de imágenes de uso libre (Dominio Público):

Nov
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Grafiscopio
Cómo gestionar y cobrar por derechos
Derecho autor, Propiedad Intelectual, Tarifas
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En el presente artículo enseñaré cómo gestionar y cobrar derechos, aspecto que debe estar presente en toda negociación por obra gráfica, visual o audiovisual, pues así lo determina la Ley.

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Más allá de que usar un diseño u obra artística sin permiso constituye delito (cosa que muchas agencias que contratan servicios freelance desestiman, con las potenciales repercusiones de esta omisión), la guía “Economía Creativa” (British Council, 2010) advierte:

  • Existen consensos acerca de una característica básica de las industrias creativas: la propiedad intelectual. Es el catalizador que convierte la actividad creativa en una industria creativa: protege el derecho de propiedad que tienen los dueños sobre sus ideas, de la misma manera como otras leyes garantizan el derecho a poseer bienes o finca raíz.
  • Da a los inventores de nuevos productos y procesos los medios para obtener beneficios de su creatividad, y plantea un marco conceptual en el que empresas e individuos creativos pueden desempeñarse con seguridad.
  • El Gobierno UK definió las industrias creativas como aquellas actividades que tienen su origen en la creatividad, habilidad y talento individual y que tienen el potencial de crear empleos y riqueza a través de la generación y explotación de la propiedad intelectual.

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La Propiedad Intelectual se divide en 2 grandes áreas: Derecho de Autor (obras) y Propiedad Industrial (marcas, patentes, diseños industriales). Nos interesa la primera, que otorga al creador dos grandes clases de derechos. Según el apartado “Preguntas Frecuentes sobre Derecho de Autor” de Revistas Abiertas:

2.1) Derechos PATRIMONIALES

Son los que entran en juego en una negociación (pueden cederse o venderse) y tienen por objeto la explotación comercial de la obra (tanto así que en España se llaman derechos de Explotación). El autor puede hacer cualquiera de tales usos o cederlos para que los ejerza otra persona o institución. Si un tercero quiere usarlos, debe contar con autorización expresa del autor (o titular de derechos) o de la ley, como sucede con las excepciones y limitaciones al derecho de autor. Consisten en:

  • derecho de reproducción 
  • derecho de modificación, adaptación o transformación
  • derecho de publicación
  • derecho de distribución
  • derecho de comunicación, interpretación y ejecución pública

2.2) Derechos MORALES

Relacionan al autor con su obra, pero no económicamente, sino de forma espiritual e ideológica. Son inalienables (no es posible cederlos ni venderlos), inembargables (no pueden ser sujetos de medidas de apremio legal) e irrenunciables. Consisten en:

  • derecho de paternidad
  • derecho a la integridad
  • derecho de divulgación
  • derecho al anonimato

03-derechos

 

 

En la guía “Creando Derecho” (Corporación Innovarte), el abogado y académico especialista en Prop. Intelectual, don Luis Villarroel, señala que las principales formas de gestión son:

3.1) CESIÓN O TRANSFERENCIA DE DERECHOS

Los derechos patrimoniales se pueden vender o ceder en forma independiente (regalar alguno y retener otro), o bien cederlos totalmente. “La ‘cesión’ del derecho”, continúa Villarroel, “permite al autor recibir una suma determinada por su obra o la facultad que cede.”

Formalidades de una cesión: El Art. 73 de la Ley 17.336, que regula los derechos intelectuales en Chile, dice: “La transferencia total o parcial de los derechos de autor o de derechos conexos, a cualquier título, deberá inscribirse en el Registro dentro del plazo de 60 días, contado desde la fecha de celebración del respectivo acto o contrato. La transferencia deberá efectuarse por instrumento público o por instrumento privado autorizado ante notario. También deberá inscribirse, dentro del mismo plazo, la resolución del contrato que originó la transferencia.”

Un contrato de cesión debería incluir cuatro aspectos clave:

  • Los derechos objeto de cesión y su modalidad.
  • El tiempo durante el cual se cederán o se otorgarán esos derechos.
  • El espacio donde se podrán explotar los derechos cedidos.
  • Si la cesión es exclusiva o no. (Este punto es importante ya que exclusiva significa que las formas de explotación concedidas no podrán ser utilizadas ni siquiera por el propio autor.)

3.2) LICENCIA O AUTORIZACIÓN DE USO

Según la guía “Las letras al Derecho”  (CERLALC / UNESCO), una autorización de uso o licencia es un acuerdo de voluntades con que el autor o titular de derechos patrimoniales autoriza a otra persona (natural o jurídica) usar su obra estableciendo tiempo, territorio y modos específicos, sin desprenderse de ninguno de sus derechos (o sea, no es cesión). El Depto. de Derechos Intelectuales (DDI), a través de Cecilia Núñez (a quién consultamos directamente), incluso señala: no es necesario ceder derechos. Puede autorizar el uso, una especie de licencia.”

Formalidades de una autorización o licencia: la mencionada autoridad cita los Arts. 18 al 20 de la Ley 17.336 de Prop. Intelectual y agrega: “como ve, la Ley no estipula ninguna formalidad legal respecto de las autorizaciones. Es un acuerdo entre privados.” Un popular ejemplo de licencia son las Creative Commons (CC). Para conocer la estructura de una licencia recomiendo ver los modelos de autorización de uso de obra para persona natural o persona jurídica que ofrece el DDI. (Nota: estos también pueden servir en el caso de inscribir obra colectiva en contratos de edición, como veremos más adelante en este mismo artículo)

Un contrato de licencia involucra dos participantes:

  • El autor (o titular del derecho), conocido como licenciante
  • El tercero a quien se autoriza el uso de la obra, o licenciatario

Un contrato de licencia debería definir:

  • Los derechos objeto de autorización.
  • El modo particular en que se autoriza el uso de esos derechos.
  • El tiempo durante el cual se autoriza la utilización.
  • El lugar donde la obra puede ser utilizada.
  • Si la autorización es exclusiva o no. (Este punto es importante ya que exclusiva significa que las formas de explotación concedidas no podrán ser utilizadas ni siquiera por el propio autor.)

ANEXO: ENTIDADES DE GESTIÓN COLECTIVA DE DERECHOS

Son organizaciones creadas por leyes de propiedad intelectual (o por acuerdos privados) para administrar los derechos de autor y conexos de un conjunto de creadores (afiliados). A continuación un listado de aquellas autorizadas y reconocidas por el Ministerio de Educación (MINEDUC) y el DDI, que guardan relación con nuestro público objetivo:

  • ATN, Asociación de Autores Nacionales de Teatro, Cine y Audiovisuales.
  • PROFOVI, Sociedad de Productores Fonográficos y Videográficos de Chile.

(*) CREAIMAGEN propone tarifas (expresadas en UF) por reproducción de las obras de su repertorio, según formato o aplicación. Para conocerlas, visita este link.

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Según informa el sitio del Grupo Clarke, Modet & Cía España, existen 2 tipos de obra en cuya creación participan varios autores:

4.1) Obra EN COLABORACIÓN

Aquella realizada por varios autores, donde los aportes individuales son inseparables e indistinguibles, correspondiendo los derechos de propiedad intelectual en la proporción que todos ellos determinen. Para su divulgación y modificación se requiere el consentimiento de todos los coautores. Ej. de obra en colaboración sería un mural realizado por varios pintores.

Un contrato de obra en colaboración debería incluir:

  • El alcance de la aportación de cada una de las partes y el material necesario para la ejecución del mismo en caso de que fuera necesario.
  • El uso que la empresa podrá hacer de dicho material.
  • Las obligaciones de las partes.
  • La cesión del colaborador a la empresa de todos los derechos sobre la obra resultante. Determinación del grado de cesión (exclusiva, no exclusiva, etc.)
  • Las condiciones económicas por el trabajo realizado.

4.2) Obra COLECTIVA

Aquella realizada bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita y divulga bajo su nombre. Reúne aportaciones de diferentes autores cuya contribución personal se funde en una creación única y autónoma, para la cual haya sido concebida sin que sea posible atribuir separadamente a cualquiera de ellos un derecho sobre el conjunto de la obra realizada. Típico ejemplo de obra colectiva sería una Enciclopedia.

Los derechos sobre la obra colectiva corresponden a la persona (natural o jurídica) que la edite y divulgue bajo su nombre, salvo pacto en contrario. Habitualmente, quien edita y divulga la obra solicita la autorización de cada participante, como explica M.A. Ferrada. Así mismo, el DDI ofrece modelos de autorización de uso de obra (persona natural y persona jurídica) para estos fines.

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La completísima guía “Las Letras al Derecho” (CERLALC / UNESCO) ofrece información detallada para conocer y negociar derechos de autor. Es más, muestra con casos reales las consecuencias que puede generar la falta de información y brinda herramientas para negociar con conocimiento de causa y en condiciones de igualdad. El apartado “claves para una buena negociación” aconseja:

  • Valore su trabajo creativo y sea consciente de sus derechos.
  • NO SE TRATA DE NEGOCIAR TODO O NADA. Identifique las necesidades suyas y del cliente, para ver si corresponde cesión total o parcial de derechos, y así pactar la remuneración apropiada.
  • Conozca los tipos de contratación que puede celebrar para la explotación de su obra.
  • USTED TIENE EL CONTROL SOBRE SU OBRA. Solo limita o restringe su uso mediante la contratación.
  • Discuta las cláusulas del contrato y busque siempre asesores especializados en la materia.
  • No se reserve ninguna inquietud, formule todas las preguntas que considere necesarias.
  • Lleve registro escrito de todas las etapas de la contratación (mails, mensajes, cartas, comunicaciones telefónicas, etc).
  • Proyecte imaginariamente el desarrollo del contrato, visualizando escenarios adversos y favorables para prever cláusulas que mantengan el equilibrio contractual.
  • Esté pendiente del cumplimiento de las obligaciones pactadas, así asegura la buena ejecución del contrato.
  • Mantenga las mejores relaciones con la otra parte, esto favorecerá la ejecución y éxito del contrato.

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El Nuevo Libro Blanco de la ilustración (FADIP España) contiene bastante información aplicable a otras disciplinas creativas. Advierte que los ilustradores perciben habitualmente remuneración no por la venta de sus obras, sino por la cesión de derechos de explotación (o patrimoniales), a cambio de una contraprestación económica proporcional. Las formas de remuneración son dos:

6.1) Cobro POR REGALÍAS (royalties)

También llamado porcentaje sobre el precio de venta del producto, habitual en contratos de edición. “Cuando la remuneración se basa en el cobro de un porcentaje sobre el precio de venta del producto se cobra a la entrega del trabajo lo que se denomina anticipo, que es un adelanto a cuenta de futuros beneficios. Lo común es que en el ámbito editorial no se reclame la devolución de ese adelanto en el caso de que los beneficios no se den finalmente. En proyectos de envergadura que vayan a suponer una inversión de tiempo y dinero por parte del ilustrador también se da el caso de anticipos entendidos como pagos efectuados antes o durante la realización del trabajo.” Quien mejor explica los diversos escenarios y pormenores de un contrato de edición (porcentajes, derechos, etc) es el editor Miguel Ángel Ferrada en esta entrevista.

El Cap. VI, y en particular el Art. 50 de la ley 17.336, se refieren explícitamente al contrato de edición y la remuneración en forma de participación sobre el producto de la venta (royalties):

“Cuando la remuneración convenida consista en una participación sobre el producto de la venta, ésta no podrá ser inferior al 10% del precio de venta al público de cada ejemplar.”

El problema es que la fijación de dicho precio de venta al público no ha estado exenta de polémica, lo cual trataremos en un posterior artículo.

6.2) Cobro POR OBRA

También llamado cobro por encargo, a tanto alzado o fortait. Se refiere a una cantidad única por el uso concreto que se vaya a hacer de las obras. Para fijar dicho precio es importante proyectar imaginariamente el desarrollo del contrato (sobre todo si una edición o campaña prosperan), por lo que menciono a continuación:

Tras consultar a Cecilia Núñez, del DDI, me informa que no existe una tabla de valores asociados a la transferencia o cesión de derechos. Esto quiere decir que el autor decide el precio de venta de sus derechos, o bien lo acuerda con el comprador, editor o cliente. A este efecto conviene evaluar cuidadosamente -y ojalá con asesoría de algún profesional con experiencia- los alcances de un encargo (tipo de cliente, envergadura y duración de una edición o campaña publicitaria) a fin de establecer un monto acorde, y si conviene una cesión o una licencia (autorización de uso, sin cesión). Téngase en cuenta el célebre caso de la fotografía de 18.000 dólares.

Algunos clientes o intermediarios (p. ej., agencias) ocultan información sobre el alcance o magnitud de una campaña o publicación, para obtener una obra a bajo precio. Es importante pedir un informe detallado, para cotizar de acuerdo a las condiciones efectivas en que será usada (plazo, territorio, formatos) y ajustarse a lo que obliga el Art. 20 de la ley 17.336:

Art. 20, Ley 17.336: “La autorización deberá precisar los derechos concedidos a la persona autorizada, señalando el plazo de duración, la remuneración y su forma de pago, el número mínimo o máximo de espectáculos o ejemplares autorizados o si son ilimitados, el territorio de aplicación y todas las demás cláusulas limitativas que el titular del derecho de autor imponga. La remuneración que se acuerde no podrá ser inferior, en caso alguno, al porcentaje que señale el Reglamento.”

De todos modos, el uso en cualquier forma no autorizada explícitamente por el titular de derecho de autor constituye delito, de manera que ocultar información es una decisión ingenua y agravante.

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Si bien existe un principio de raíz europea (y válido ampliamente a nivel internacional) en virtud del cual el derecho de autor existe por la mera creación de una obra, y no requiere ninguna formalidad, también es verdad que en Chile opera una presunción simple de autoría en favor de quien inscriba primero una obra en el DDI. Por tanto es fundamental inscribir toda creación que consideremos relevante (incluso a nivel boceto), para disponer de un medio de prueba importante acerca de su originalidad. Este trámite puede hacerse mientras un proyecto está en marcha, y teniendo siempre en cuenta que las instrucciones dadas por un cliente no bastan para que él se atribuya autoría de la obra.

Como vemos, la variable Propiedad Intelectual es clave para que los creativos obtengan beneficios económicos mediante la explotación comercial de sus creaciones. Sin embargo, por desconocimiento terminan vendiendo su obra -y derechos- a precio muy inferior al que valen. Por ello recomiendo estudiar los siguientes enlaces, que profundizan en un tema absolutamente necesario para cualquier creador de obra gráfica, visual o audiovisual:

 

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Grafiscopio
Obra v/s soporte: algunas precisiones
Cliente, Comercial, Negociación
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Buena parte de quienes compran, venden o producen obra gráfica, visual o audiovisual parecen no tener clara la diferencia entre obra y soporte, lo que puede provocar serias consecuencias: infracción a leyes de propiedad intelectual (comprador) o pérdida de dinero (vendedor). Veamos cómo y por qué.

Tanto la definición formal de la Real Academia como la empleada en toda ley de Propiedad Intelectual coinciden en que obra es la creación de cualquier producto intelectual en ciencias, letras o artes. En una palabra, obra es la materialización de una idea, mientras que el soporte sería el medio físico, la superficie donde queda registrada. A ojo del lego no habría distinción entre ambas: una pintura no existiría sin el lienzo en que “reposa”. No obstante, dicha pintura bien pudo hacerse sobre papel o madera (independiente de cuán apropiado sea el material, como evidencia el deterioro de los frescos del monasterio de La Cartuja, España); o ser reproducida por algún medio tecnológico (fotocopia, impresión, estampado, grabado, serigrafía, etc), lo que revela un hecho patente: el soporte no es parte constitutiva, sino circunstancial de la obra, especialmente en el ámbito de las obras digitales. Al respecto, recomendamos leer la distinción entre obra y soporte material aportada por el CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe).

Cuando la tarifa es independiente del soporte

Algunos clientes y proveedores de servicios gráficos piensan que es correcto pagar o cobrar menos por una obra aplicada a medio digital (p.ej., banner web) en comparación con la misma llevada a medio impreso (p.ej., gigantografía), argumentando que la primera es “más pequeña” o de resolución inferior (72 dpi en lugar de 300 dpi), o no implica reproducciones. Salvo casos en que la escala guarda directa relación con la complejidad o nivel de detalle de la obra encargada, este argumento no tiene justificación, dado que el valor intrínseco de la obra es independiente del soporte, e incluso un sitio web podría tener más visitas o generar más atención que una gigantografía, como veremos en el siguiente punto:

Cuando el soporte incide en la tarifa

Lo que determina el precio de una obra es, entre otras variables, la cantidad de soportes (formatos) en que será utilizada o reproducida (web, impreso, televisión, etc.), el volumen y vigencia de estos, su grado de exposición y/o el tipo de cliente al que será vendida. En suma, la relevancia y nivel de difusión que tendrá la obra aplicada, independiente de su tamaño.

El que compra es dueño del soporte, no de la obra

Como indica el sitio Revistas Abiertas, en su apartado sobre preguntas de Derecho de Autor, no es lo mismo ser dueño (mediante compra) de una obra que tener derechos de autor sobre ella. A saber: “Cuando uno es dueño de un libro o de un cuadro o de un archivo computacional, uno es solamente dueño del ejemplar, o sea, del soporte que contiene a la obra. Pero los derechos de autor se ejercen sobre el contenido, sobre la obra, por lo que continúan siendo ejercidos por el respectivo titular de derechos. No basta con ser dueño del ejemplar de libro para copiar tal libro, sino que se necesita una autorización del titular de los derechos o de la ley.”

Esta confusión entre obra y soporte lleva a muchos clientes a usar y reproducir a su antojo el producto gráfico por el que pagaron, olvidando que toda obra intelectual confiere derechos a su autor por el simple hecho de crearla, y que estos no se transfieren de modo automático a quien la compra. Al contrario, para poder usar y reproducir una obra como el cliente desee, debe solicitar al autor una cesión formal de derechos patrimoniales, la que corresponde pactar en cualquier forma contractual y que debería elevar la tarifa mientras más amplias facultades otorgue al comprador.

Derecho de autor y tipos de soporte

Recurriendo a la misma fuente citada en el punto anterior, conviene aclarar que las leyes de Propiedad Intelectual no hacen distinción entre soportes. Es decir, protegen una obra en sí misma, independiente de si fue fijada en soporte digital o analógico. A saber: “Es indiferente si una obra está en formato digital por haber sido producida por medios computacionales (puesto que el computador es sólo una herramienta para la expresión de las ideas del autor) o si ha sido elaborada por medios tradicionales y luego transferida al formato digital (por ejemplo, mediante el escaneo de una imagen).”

 

Confiamos en que este artículo sea de utilidad e invitamos a clientes y creadores de obra gráfica o visual a tener más cuidado al momento de negociar un producto de esta naturaleza, evitando cualquier problema que pueda atribuirse a ignorancia o desinformación.

Ene
18
Grafiscopio
Lector pregunta: Copyright de Fan Art
Derecho autor, Pregunta, Propiedad Intelectual
2
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Por Facebook, el lector Esteban Vidal nos pregunta:

“¿Posee un Fan Art los mismos derechos (en relación a distribución, venta, etc.) que una obra original y personal?” 

Estimado:

Si dibujo mi versión de Homero Simpson he hecho un Fan Art. Los Fan Arts son obra derivada de una fuente original, es decir, están basados en la creación de otra persona, estudio o empresa que es el titular de Derecho de Autor y único facultado para lucrar con obra derivada o autorizar el uso comercial de ésta.

Cabe señalar que una obra derivada implica algún tipo de modificación o adaptación, pues si fuese simple copia o duplicado se llamaría reproducción (por cierto, el titular de Derecho de Autor es el único facultado para reproducir o autorizar la reproducción de una obra).

Si bien el Convenio de Berna establece que las obras derivadas gozan de los mismos derechos que las obras originales (cualquiera que desee utilizar una obra derivada tiene que obtener el permiso del autor de la obra derivada, incluso si las obras originales de las cuales se derivan están en el dominio público) y pertenecen a su autor, también indica que para hacer uso comercial de obra derivada (venderla) es necesario contar con permiso del autor de la obra original, salvo que el trabajo disponga de una licencia libre o se encuentre en el dominio público.

Además, la OMPI advierte que “si usted introduce algunos cambios en la obra de algún artista o la cambia de contexto, necesitará asegurarse de que respeta la integridad de la obra y no daña la reputación u honor del autor. Por ejemplo, si incluye una escultura religiosa en una foto pornográfica puede dañar el honor o la reputación del artista que creó la escultura y ello podría constituir la base para iniciar un procedimiento judicial contra usted.”

Por último, conviene diferenciar un Fan Art (obra derivada) del original character (OC) que es una creación inspirada en cierta obra o historia, pero totalmente original, como sería, siguiendo el ejemplo de Homero Simpson, un personaje nuevo que no aparece en The Simpsons, ambientado en una ciudad parecida a Springfield, o con la misma gama cromática (nadie puede reclamar derechos sobre gamas cromáticas, estilos o ideas). Si lo que creaste fue una OC, no debes explicaciones a nadie por usar o comercializar tu obra como quieras. Pero primero asegúrate de que efectivamente se trata de OC y no Fan Art.

Es poco probable que alguien emprenda acciones legales contra ti por subir un Fan Art a tu portafolio o a galerías como DeviantArt, pero la cosa podría cambiar y ponerse fea si quieres lucrar con un Fan Art o ya lo estás haciendo.

Confiamos en haber aclarado tus dudas y te invitamos a revisar estos artículos con información más exhaustiva al respecto:

Saludos.

Sep
13
Grafiscopio
Creativos: cómo manejar el factor emocional
Debate, Editorial, Metodológico
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Ya sea por personalidad o porque a menudo tratan con materias no racionales (buen gusto, belleza), los creativos toman decisiones emocionales. Y no es pecado admitirlo. Se les contrata para que aporten ese lazo afectivo -visible o tangible- entre una marca/ producto y sus consumidores/ usuarios: es decir, para que comuniquen, humanicen. Pues bien, el problema no es sentir pasiones, sino quedar a merced de ellas. En este artículo daré algunas pautas para manejar las situaciones más frecuentes en que el factor emotivo puede amenazar o entorpecer nuestro ejercicio profesional.

1) “Porque sí. Porque a mí me gusta”

Los que hemos sido profesores y alumnos de carreras artísticas conocemos muy bien este “argumento” con que algunos pretenden justificar su propuesta. Se darán el peor porrazo cuando egresen y enfrenten a un cliente con presupuesto y requerimientos muy específicos. Porque una cosa es que la obra lleve tu sello, y otra distinta es que sólo tú la entiendas o aprecies. El punto es: si piensas entrar al mercado o negociar con clientes debes prestar atención a otras necesidades y voluntades aparte de la tuya. Cuanto más pronto lo hagas, menos te afectará el golpe contra la realidad.

2) Es tu diseño. No eres tú

Comprometerte con un proyecto y tomar cierta distancia emocional son dos posturas perfectamente compatibles, y recomendables. Eso advierte Delyth Morgan en Good: Ética en el diseño gráfico (por Lucienne Roberts, Ed. Index Book, 2006): “si un diseñador no puede desvincularse emocionalmente del trabajo, su capacidad para solucionar un problema de diseño podría resultar limitada”. En un plano comercial es bueno hablar de productos más que obras, pues estas últimas llevan una carga afectiva que es mejor reservar para nuestra colección personal. No te atormentes por un producto que salió mal. No eres tú como persona el que falló, sino la propuesta. Quizás tuviste un mal día, o recibiste instrucciones confusas, o no te dieron libertad para expresar una idea (desde el momento en que te ponen condiciones, ya no eres el único responsable por un resultado). Sea cual sea el motivo, siempre se puede corregir. Lo importante es estudiar las causas del error para no repetirlo -filtrando conflictos intrapsíquicos como inseguridades o culpas- y luego enfocarse en el siguiente proyecto.

3) Tolerancia a la frustración

Varias ofertas laborales incluyen este concepto entre los requisitos que debe cumplir el candidato. Ser tolerante a la frustración significa recomponerse pronto o seguir funcionando igual de bien cuando las cosas no resultan como uno espera. Implica madurez personal y profesional, porque los niños, las personas “malcriadas” por el éxito (es decir, que nunca han fracasado) o emocionalmente lábiles buscan satisfacción inmediata o permanente y son altamente productivos cuando están a gusto, pero en situaciones de crisis se desmoronan. Mi consejo: ponte a prueba, sal de tu comfort zone, trabaja a presión (dentro de ciertos límites razonables), no busques atajos o muletas, sé autocrítico y acepta la crítica externa; desconfía de los ambientes demasiado acolchados. Bien sabe un boxeador que los golpes duelen menos cuando te acostumbras a recibirlos.

4) El mal de caer bien

Con tal de evitar el conflicto, algunas personalidades sumisas se limitan a recibir instrucciones sin plantear exigencias ni preguntas. Es tal su deseo de complacer (para sentirse tranquilos o conservar el trabajo) que incluso desconciertan a un superior que espera de ellos orientación profesional o iniciativa. No es extraño que al finalizar la reunión, tales individuos sientan que hicieron el ridículo, o se auto-recriminen por tener que llevar a cabo una tarea sin pies ni cabeza, de la que su empleador es culpable sólo en parte. Por eso, atrévete a ser franco y plantear tu opinión. Un remedio no siempre tiene buen sabor, pero cura.

5) Cuando jefe o cliente atacan

De pronto debemos tratar con un superior iracundo, prepotente o canalla. Si el debate se transforma en combate, evita caer en descalificaciones o histeria. Tú, siempre educado e impasible (el método más efectivo para enfriar a un contrincante airado y demostrarle que tiene menos poder sobre ti del que piensa). Un profesional jamás se va a las manos o cede a la tentación de la vulgaridad. Recuerda que el maltrato verbal rutinario es una forma de trabajar en condición indigna. No contraataques, pero tampoco lo aceptes. Despide a un mal cliente o renuncia a un empleo hostil, pues aceptándolo validas la violencia como norma.

6) Lucha de egos

Entre creativos son frecuentes las “guerras frías” por ego. La envidia o miedo a que un colega más talentoso, carismático o popular los eclipse, sumado a una sobreoferta de potenciales competidores hace que algunos individuos se refugien en torres de marfil. No integran equipos ni comunidad, y si lo hacen, buscan rodearse de personal menos competente (poniendo en riesgo el proyecto o negocio) o duran poco antes de retirarse por diferencias con un adversario de perfil equivalente. A simple vista pueden parecer arrogantes, pero en verdad se trata de personalidades inseguras, como explica Richard Holloway en el mismo libro citado al comienzo: “claro que la gente importante y segura de sí misma no está siempre fingiendo, no tiene siempre que afirmar su creatividad”. ¿Cómo deshacerse del ego? Empezando por adoptar esta filosofía: los enanos compiten, los gigantes colaboran.

7) Estrés

Una cantidad abrumadora de trabajo, la tardanza en pagos, un futuro laboral incierto o ruptura sentimental pueden combinarse para gatillar estrés, cuadro bastante frecuente hoy en día. Lo curioso es que dos individuos reaccionarán distinto a los mismos estímulos: uno se estresará y otro lo tomará con calma o resignación. Esto indica que hasta cierto punto es la personalidad (o disposición psíquica) más que el ambiente lo que allana el camino al estrés. Si divides el mundo en perfección vs fracaso, temes a las figuras de autoridad (jefes, clientes, sus órdenes o plazos), no confías en tus capacidades o te auto-impones niveles de exigencia sobrehumanos (por inseguridad más que profesionalismo) eres buen candidato para colapsar por nervios. Relájate, abandónate un poco. No te juegues la vida en cada trabajo y sobre todo no confundas dedicación con obsesión. Sólo la primera es virtud.

Ago
29
Grafiscopio
Lectora pregunta: si otro inscribe mi obra, ¿Es dueño de ella?
Derecho autor, Legal, Propiedad Intelectual
1
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Por mail, la lectora Daniela López nos pregunta:

“Si alguien toma uno de mis trabajos y lo pasa por copyright, ¿Se vuelve de él?”

Estimada Daniela:

En primer lugar aclaremos que copyright es un anglicismo que en Chile equivale a Derecho de Propiedad Intelectual de una obra.

Si bien no es necesario registrar ni licenciar una obra para que esté amparada por el Derecho de Autor -ya que esto último rige por el simple hecho de crearla- el Art. 8 de la Ley Nº 17.336 de Prop. Intelectual chilena establece una presunción simple de autoría en favor de quien está inscrita la obra. Esto quiere decir que si otra persona (p. ej.: un cliente) inscribe primero una obra tuya, aparecerá ante la ley como su autor. Así de simple. El Depto. de Derechos Intelectuales actúa de buena fe y no exige más pruebas para registrarla que un ejemplar (croquis, fotografía, etc), los datos personales de quien la inscribe, y el pago por el trámite. En adelante, si quieres usar esa obra tendrás que pedir autorización a su nuevo “autor” (para no infringir la ley), o tendrás que reunir pruebas (archivos originales, etc) y emprender acciones legales para reclamar su autoría. (*)

Por todo ello, la recomendación es una y clara: inscribe tu obra relevante antes de sentarte a negociar con cliente, o apenas esté terminada (si ya estás trabajando para él). Así reforzarás tu calidad de titular de Derecho de Autor y evitarás ingratas sorpresas. El trámite -que sólo puede hacerse en persona o por correo tradicional ante el Departamento de Derechos Intelectuales– es rápido, sencillo y económico. Para conocer dirección, horario, requisitos y procedimiento, visita este link.

Si cliente quiere utilizar tu obra una vez que la has creado e inscrito, debe contar con autorización explícita de parte tuya, en cualquier forma contractual, donde se estipulen claramente los fines, aplicaciones, territorio y período de tiempo en que podrá ser usada, según indica el Art. 20 de la Ley precitada.

Esperamos haber disipado tus dudas. Saludos.

(*): el demandado también tendrá que probar que él es el autor, y asumir las sanciones -desde multa a presidio- si pierde el juicio.

Links de interés: