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Oct
13
Grafiscopio
¿El cliente es tuyo o de la agencia?
Legal, Metodológico, Pregunta
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Navegando por redes sociales encontré una pregunta interesante:

«Si eres freelancer y diseñas algo para un cliente reconocido, pero a través de una agencia, ¿Puedes decir que es tu cliente?»

Aunque de cierta forma ya traté el tema en un artículo anterior, usaré este para responder puntualmente la duda de muchos freelancers.

1) ¿QUIÉN TE CONTACTÓ?

Lo primero que debes preguntarte parece perogrullada, pero no lo es. ¿Quién te ofreció el proyecto o encargo? ¿Fue aquella gran empresa y reconocida marca (en adelante lo llamaré “El pez gordo” para diferenciarlo del término “cliente”) o fue la agencia? Lo más probable es que te haya contactado la agencia (o productora, o estudio de diseño), es decir el intermediario. En este caso y en rigor tu cliente es la agencia, que se adjudicó la cuenta y es quien negocia con el pez gordo (empresa, marca, institución, etc). De hecho este último contrata a una agencia precisamente para no tener que negociar con cada prestador de servicios gráficos (diseñador, ilustrador, fotógrafo) sino para que la agencia le entregue un servicio integral y respaldo.

2) ¿QUÉ DICE EL CONTRATO?

Sin perjuicio de lo anterior, debes revisar qué dice el contrato. En particular, quién lo firmó. Algunas veces es la agencia quien estampa su firma mediante un representante (p. ej. director creativo), con el RUT (o DNI) y dirección comercial de la agencia. Pero también puede ocurrir que el contrato sea firmado por un representante del pez gordo (p. ej. Gerente de Marketing), con datos de su empresa. En este caso tu cliente es para todo efecto legal el pez gordo, y la agencia es un simple intermediario o vocero que da instrucciones.

3) ¿QUIÉN TE ASIGNÓ TAREAS?

Como explica el abogado Arturo Massuh en nuestra entrevista, aun si no existió un contrato entre las partes es importante determinar quién te encomendó tareas (instrucciones, correcciones, etc). ¿Fue únicamente la agencia o también el pez gordo? Si es este último caso, tu cliente ya no solo es la agencia, y ojo que esta responsabilidad solidaria puede ser clave en un eventual litigio.

Fuente imagen: Twitter.com (usuario witchoria), 13:26 hrs., 5 Oct. 2017

4) ENTONCES, ¿QUÉ ESCRIBO EN MI PORTAFOLIO?

Todo lo anterior nos lleva a la pregunta de fondo: ¿Puedo agregar a mi portafolio un determinado trabajo? Y más exactamente ¿A quién menciono como “cliente”: a la agencia o al pez gordo?

Mi consejo es que todo (especialmente derechos intelectuales) quede bien definido en un contrato antes de iniciar cualquier proyecto. Idealmente agregar una glosa sobre uso justo (fair use) que te permita mostrar la obra o diseño en tu portafolio para fines profesionales (promocionar tus servicios, sin explotación comercial). Independiente de esto, menciona siempre a ambos: agencia y pez gordo.

Si se trata de una obra colaborativa (donde intervienen diversos autores, p.ej. mural, sitio web, etc) todos comparten la autoría y sugiero que obtengas permiso por escrito (p. ej. mail) de cada autor para presentar la obra, y que en tu portafolio menciones a cada co-autor. Presentarla como exclusivamente tuya no solo es poco ético, sino que es un delito.

Si el contrato que firmaste no hizo referencia al uso justo, pide siempre permiso escrito a la agencia y/o al pez gordo antes de agregar material a tu portafolio. Esto te evitará reclamos o demanda judicial. Ahora, si no hubo contrato en absoluto, nadie puede impedir que uses libremente una obra cuya autoría y titularidad de derechos te pertenece, pero de todas formas menciona siempre a ambos —agencia y pez gordo— como dueños (*) de tu trabajo.

(*) Como sabemos, ser dueño de una obra intelectual (haberla comprado) no implica ser titular de derechos intelectuales sobre ella. Así mismo, las instrucciones dadas por el director de una agencia no bastan para que se atribuya co-autoría ni derechos sobre tu obra.

Dic
28
Grafiscopio
Qué hacer cuando se cae un proyecto
Cliente, Metodológico, Negociación
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Entre los gajes del oficio hay uno bien conocido por quienes llevamos años de circo: cuando un proyecto se cae, es decir, cuando es cancelado o puesto en “stand-by” –simple eufemismo- por cualquier motivo (fuerza mayor, falta de fondos, cambio de planes, de jefatura o de equipo, insatisfacción con nuestros servicios profesionales, etc.) y en cualquier etapa (al comienzo, sobre la marcha o a poco de terminar). Independiente de la forma en que suceda, debemos estar preparados para enfrentar y anticipar las repercusiones del caso. Veamos cómo:

1) No poner todos tus huevos en una sola canasta

Aunque es ético y profesional concentrarse en un proyecto para ofrecer a cliente el mejor resultado, tampoco es aconsejable dejar todo de lado por un solo encargo, ya que si se cae nos deja sin pan ni pedazo. Esto debe saberlo quien solicita los servicios de un freelancer: la exclusividad tiene un precio.

2) Guardar una sana distancia emocional 

No cantes victoria hasta no haber cerrado el trato. Muchos proyectos se caen justo cuando ya empezabas a festejar, hacer planes o pagar deudas con dinero que aun no ingresó a tu cuenta. Lo mejor es seguir el sabio consejo del cineasta Raúl Ruiz: “cuando está firmado, recién entonces le llamo proyecto”. Lo demás son castillos en el aire.

Por otro lado, no te eches a morir si cliente opta por desistir de tus servicios profesionales para asignar la tarea a otro diseñador o artista. Esto no implica que seas incompetente. Quizás no eres el indicado para un proyecto puntual. Eso es todo. Y por último recuerda que Stanley Kubrick rechazó varios bocetos para el afiche de su película The Shining presentados por un coloso del diseño gráfico como Saul Bass.

3) Fijar condiciones antes de empezar. Importancia del kill fee 

La mejor forma de evitar sorpresas desagradables o trabajo en vano es pactar -por escrito- las condiciones de pago antes de empezar un proyecto, especialmente aquellas referidas a la eventualidad de que se caiga.

El acuerdo respecto a pago de un anticipo (normalmente el 50% de la tarifa total, o bien una cifra no inferior al 30%) garantiza que tus servicios sean recompensados aun si el proyecto es interrumpido, postergado o se cae. Como indica Jacqueline Howard, diseñadora gráfica freelance, escritora y artista norteamericana en este valioso artículo, “algunos diseñadores pactan que el anticipo equivale a kill-fee (pago por término, interrupción o rechazo). Además, tu contrato podría especificar que el kill fee sea equivalente al anticipo más los gastos adicionales en que se incurra una vez comenzado el proyecto.”

4) Cobrar el tiempo invertido 

Algunos freelancers no se atreven a cobrar -o sus clientes no desean pagar- el tiempo dedicado a un proyecto que no generó mucho trabajo gráfico. Esto depende de lo que ambos entiendan por trabajo, pues las horas de investigación también cuentan como tal, y además es justo compensar al proveedor por el costo de oportunidad derivado de abordar un encargo, aunque sea interrumpido.

5) Cláusulas sobre cancelación de proyecto 

Jacqueline Howard sugiere agregar a un contrato por lo menos 3 cláusulas sobre cancelación de proyecto:

  • Todos los materiales entregados a cliente (en relación al proyecto específico) deben ser devueltos.
  • El uso no autorizado de la obra entregada implicará pago adicional o acciones legales.
  • El proveedor -es decir, tú- conservará los diseños originales, archivos digitales o material de almacenamiento (discos, etc) desarrollados para el proyecto.

6) Si no acordaste nada respecto a cancelación de proyecto 

A veces cliente y freelancer negocian “a lo compadre”, y pasan por alto este escenario hasta que ocurre. Entonces se miran sin saber qué hacer, o el primero se niega a pagar. Desafortunadamente los acuerdos de palabra y/o condiciones negociadas sobre la marcha dejan al freelancer en pésima posición, y dependiendo del criterio o buena voluntad de su contraparte. Con todo, es oportuno advertir a cliente que el uso no autorizado del material entregado hasta la cancelación del proyecto podría implicar acciones legales, máxime si no fue pagado. Por supuesto, conserva todo archivo original que no hayas entregado aun o que no haya sido remunerado.

Sep
25
Grafiscopio
Dineros en el aire: un peligroso espejismo
Comercial, Debate, Metodológico
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Una mala costumbre muy habitual entre freelancers, empleados e incluso agencias es vivir, planificar, o lo que es peor, invertir con dineros hipotéticos. Por excesiva confianza en acuerdos de palabra, en un empleo “estable” o por no saber administrar sus finanzas, varios aprenden con dolor la diferencia entre ingresos reales y cifras virtuales. Repasemos algunos casos típicos de nuestro rubro en que la falta de un cable a tierra puede costarnos caro.

1) “Me va a llegar un pago” 

Cualquier pago que no sea inmediato es una promesa, no una certeza. El proyecto podría caerse o tal vez cliente emita el cheque a 60, 90, 120 días después de que entregaste el trabajo (con la consiguiente depreciación monetaria). Por lo tanto, no cuentes con ese dinero para gastos o inversiones actuales, salvo que tengas respaldo para cubrir imprevistos. Olvídate de la cifra, por muchos ceros que lleve. Mientras no hablemos de un cheque en tu mano es simplemente el anzuelo con que te estimulan y comprometen a desarrollar una tarea. Ni más, ni menos. Si eres freelancer y te toca desarrollar un proyecto para cliente grande, acostúmbrate a firmar contratos y pedir anticipo de al menos 30% que garantice un ingreso tangible antes de empezar cualquier labor.

2) “Viene más trabajo a futuro” 

El trabajo a futuro es un escenario intrínsecamente hipotético, cimentado en lealtades discutibles. Los que llevamos varios años de circo sabemos que es viejo truco para hacernos cobrar barato por un primer encargo, en la esperanza de que el bocadillo conduzca a un festín, cosa que a la larga no ocurre. Moraleja: el único trabajo que cuenta es el presente. Cobra lo que vale.

 3) Licitaciones 

Ya hemos visto el caso de las licitaciones en artículos previos, pero nunca está de más recalcar que todo trabajo donde tu pago esté sujeto a que una agencia o empleador se adjudique los fondos de financiamiento es igual que apostar en el casino. Podrías ganar o perder. Por eso recuerda: quien está concursando son ellos, no tú (en rigor eres un proveedor externo, ajeno a la empresa: no tienes por qué hacerte partícipe de sus pérdidas). Reserva las apuestas para proyectos personales o alguna causa noble que comprometa algo más profundo que la simple ejecución de un encargo.

4) Pagos pendientes 

Derivado del punto Nº 1 están los famosos pagos pendientes. Me ha tocado ver muchas agencias pequeñas que atesoran planillas Excel con un listado enorme de ingresos pendientes, acumulados durante meses o casi un año. Aun así, pagan sueldos, encargan labores o compran materiales pactando y repactando, en la confianza de que esos dineros virtuales algún día se harán realidad. Puede que suceda, pero mientras tanto acumularán un sinnúmero de deudas y reclamos de proveedores, de forma que el capital de humo apilado por largo tiempo se desvanece en menos de una semana cuando por fin aterriza en el Banco.

5) Sin ahorros 

Por optimismo desmesurado en un empleo estable, una buena racha de encargos o incluso apremios financieros (p. ej.: mantener una familia), hay quienes no ahorran. Viven el día a día y creen que caminarán eternamente por la vereda soleada, por lo que suelen decir “más adelante ahorraré”. No importa qué tan bueno sea tu salario o lo difícil que sea tu situación, vivir sin ahorros es una bomba de tiempo. Si además derrochas en gastos excesivos estás tejiendo una soga alrededor de tu cuello. En empleos “estables”: contrato indefinido no significa contrato eterno y un recorte de personal podría hundirte en deudas de la noche a la mañana. Piénsalo. Anticípate. Practica la austeridad y destina una fracción de tus ingresos a algún instrumento de ahorro o inversión, para que el invierno no te sorprenda sin víveres.

6) El pago en “vitrina” 

Como vimos en otro artículo, de pronto nos piden una tarea que no será remunerada, pero a cambio ofrece una importante vitrina para mostrar nuestro trabajo, que supuestamente conducirá a nuevas oportunidades y ganancias. Supuestamente. Potencial. Es el problema con esta modalidad de “pago”: puede que resulte como puede que no. Es difícil cuantificarla y bien saben las marcas en redes sociales que un follower no siempre equivale a un consumidor.

7) Ideas, proyectos, productos… 

Muchos diseñadores se reúnen para formar una agencia propia, crear productos o lanzar ideas, pero tienen problemas para distinguir qué es lo que realmente los motiva. En el fondo no están interesados en producir, prestar servicios o generar ingresos, sino en agruparse por afinidad o escapar del trabajo convencional, rutinario. En consecuencia no evalúan gastos y manejan un plan difuso para retorno de la inversión. Lejos de estudiar el mercado fríamente, confían en que las ventas serán abundantes porque a ellos les gusta lo que producen, o disfrutan haciéndolo. Seguro que algunos se saldrán con la suya, pero la mayoría quedará en el camino o en bancarrota.

 

Resumiendo: mientras no esté en tu cuenta bancaria, el dinero no existe; y cuando existe, conviene ahorrarlo. Además, nunca confundas optimismo con voluntarismo (toma de decisiones basándose en lo que resulta deseable o agradable de imaginar, en lugar de criterios objetivos). Así evitarás dolores de cabeza y nunca faltará dinero en tus bolsillos.